Redacción: Arturo Roti
La noche del 25 de abril, el Café Iguana volvió a ser el epicentro de la brutalidad. Cuando se trata de hardcore punk, no hay medias tintas: la protesta es cruda, la ira es real y nadie en su sano juicio podría estar conforme con el sistema. Bajo esa consigna, se llevó a cabo el esperado concierto de Ratos de Porão, banda legendaria del punk brasileño que, a pesar del paso de los años, sigue soltando golpes de realidad con la misma rabia de sus inicios.

Las hostilidades comenzaron a las 9 de la noche. Los Revolucionarios abrieron fuego con su descarga de punk combativo, seguidos por Colisión MX, que terminaron de calentar motores para lo que se venía: una noche donde la rabia sería la única consigna.
Puntualmente a las 11, Ratos de Porão tomó el escenario. João Gordo, imponente como siempre, apareció con toda la fiereza que lo caracteriza, a pesar de haber recibido atención médica solo unas horas antes. Su voz, cargada de ira y de un poder brutal, no daba tregua. El arranque fue fulminante con “Ódio” seguido inmediatamente por “Anarkophobia”, ambos temas del legendario álbum de 1991.

La vieja escuela de fans, curtida en mil batallas sonoras, se entregó de inmediato, mientras los más jóvenes, impulsados por la furia del momento y el riff demoledor, se lanzaron sin pensarlo al mosh pit, en una danza salvaje de furia, sudor y resistencia.
El viaje continuó hacia 1989, cuando resonó la poderosa “Amazônia Nunca Mais”, del icónico disco Brasil. Jão, con su guitarra afilada como navaja, descargaba ráfagas de velocidad y violencia sonora, como si cada riff fuera un puñetazo dirigido al corazón de la opresión. La banda rugía: velocidad, furia y conciencia social en su forma más pura. Cada canción era un puño levantado, un grito contra el sistema, una afrenta directa a todo lo que representa el conformismo.

A pesar de que el cuerpo de João Gordo empezaba a cobrarle factura, su espíritu seguía intacto. Se notaba el esfuerzo físico, pero la voz y la actitud seguían desbordando poder. Temas como “Exército de Zumbis” y “Alerta Antifascista” mantuvieron la intensidad al máximo, hasta llegar al himno que todos esperaban: “Crucificados Pelo Sistema”, convertido en una descarga colectiva de furia donde todo el recinto parecía venirse abajo.
João tuvo que sentarse por unos minutos para recuperar el aliento, pero su pausa fue breve: el espíritu del hardcore no permite retiradas, y mucho menos rendiciones. Sin perder la esencia, el concierto continuó hasta alcanzar su clímax con “Obrigado a Obedecer”, que sirvió como el último golpe de martillo en una noche brutal.

El concierto duró exactamente una hora. Pero no fue una hora cualquiera: fue una hora donde el sudor, la rabia, la velocidad y la adrenalina se apoderaron de todos los presentes. Una hora que recordó, con cada acorde y cada grito, que el hardcore y el punk siguen siendo espacios de resistencia, de inconformidad, de gritar lo que muchos callan.

Así es un concierto de Ratos de Porão: visceral, caótico, poderoso. Un recordatorio de que, aunque el mundo siga ardiendo, siempre habrá quienes estén dispuestos a prenderle fuego con acordes y rebelión.






