Redacción: Diana Alvarado
La noche del 26 de abril, el Auditorio Banamex de Monterrey se convirtió en un refugio íntimo y vibrante para recibir a Natalia Lafourcade, quien presentó su “Cancionera Tour” ante un público entregado y atento.

La cita inició puntualmente a las 9:30 de la noche, cuando un audio pregrabado, dio las primeras instrucciones: disfrutar el concierto plenamente, sin grabaciones ni fotografías, hasta después de la tercera llamada. Este detalle marcó el tono de una velada especial, diseñada para conectar sin intermediarios con la música.

Minutos después, Natalia apareció en el escenario con una teatral apertura coral que sorprendió a todos, antes de sumergirse de lleno en su universo sonoro. Apenas terminó la primera canción, el Auditorio estalló en una ovación de gritos y aplausos.
El repertorio arrancó con temas como “Cancionera”, “De todas las flores” y “Cariñito de Acapulco”, desplegando una mezcla de tradición y frescura que caracteriza esta nueva etapa de la cantante.
El concierto estuvo dividido en seis bloques temáticos, cada uno mostrando una faceta distinta de su arte.
Con “Cancionera”, Natalia invita a sus seguidores a un viaje íntimo donde la tradición mexicana se fusiona con la innovación musical. Esta gira marca un regreso a las raíces de su voz y su guitarra, pero también una exploración de nuevos territorios sonoros que amplifican su mensaje emocional y poético.

Durante el bloque de “Cancionera Negra”, el público coreó con emoción éxitos como “Amor clandestino”, “Pajarito colibrí”, “María la curandera”, “Soledad y el mar”, “Cómo quisiera quererte” y el clásico “Nunca es suficiente”.

Posteriormente, Natalia hizo un recorrido por himnos generacionales como “En el 2000” y “Amarte duele”, así como joyas de su repertorio más reciente como “Tú sí sabes quererme” y “Mi tierra veracruzana”.
La respuesta del público fue conmovedora. Siguiendo cada indicación de “Radio Cancionera”, la audiencia vivió el concierto sin distracciones, dejando que la música fluyera libremente. La atmósfera fue mágica, emotiva y profundamente relajante, consolidando a Natalia Lafourcade como una de las artistas más queridas y respetadas de la escena musical hispanoamericana.






