Fotografa: Diana Alvarado

Redacción: Arturo Roti

 

 

La nostalgia tiene su propio sonido, y este martes 27 de mayo en la Arena Monterrey, ese sonido tuvo nombre y apellido: Chicago. Desde tempranas horas, se podía ver a decenas de personas llegar con calma, muchos ya peinando canas, algunos tomados de la mano de sus parejas de toda la vida, otros acompañados de sus hijos o nietos, compartiendo con ellos un pedazo de juventud. Eran generaciones enteras que alguna vez compraron vinilos en tiendas del centro, que lucieron pantalones acampanados y camisas psicodélicas, que se enamoraron —y a veces también rompieron— al ritmo de “If You Leave Me Now” o “Hard to Say I’m Sorry”.

Fotografa: Diana Alvarado

La noche comenzó a las 21:25, y no podía haber mejor forma de arrancar que con “Introduction”, aquel tema inaugural del legendario álbum debut cuando aún se hacían llamar Chicago Transit Authority. Desde el primer acorde, la banda dejó en claro que siguen siendo los amos indiscutibles de los metales. Apenas se apagaron los últimos ecos de trombones y guitarras, la Arena vibró con el aplauso de miles que sabían que estaban por vivir algo especial.

 

Sin dejar espacio para respirar, soltaron el clásico “I’ve BeenSearching So Long”, con una interpretación impecable de Neil Donell que arrancó vítores y más de una lágrima contenida. Enseguida, Lee Loughnane tomó el micrófono para dar la bienvenida al público regio con un cálido “¡Arriba Monterrey!” y un deseo: que los nuevos escuchas también se convirtieran en fans de la banda.

Fotografa: Diana Alvarado

La emoción escaló aún más con “If You Leave Me Now”, esa joya amorosa que Donell volvió a vestir con elegancia y sentimiento. Las luces bajaron, las parejas se tomaron de la mano y la Arena entera se convirtió en una gran memoria colectiva.

 

Entonces, el tiempo se detuvo: la banda se lanzó a interpretar en su totalidad la suite “Ballet for a Girl in Buchannon”, de su segundo disco, Chicago II. Comenzando con “Make Me Smile”, pasando por “So Much to Say, So Much to Give”, “Anxiety’s Moment”, “West Virginia Fantasies”, hasta llegar a la dulzura infinita de “Color My World”. Fue aquí donde más de una pareja veterana, envuelta en el vaivén de la melodía, se volvió a mirar con los ojos de hace 40 años, como si el tiempo no hubiera pasado. El ciclo se completó con “To Be Free” y “Now More Than Ever”, cerrando esa joya progresiva con una ovación de pie.

Fotografa: Diana Alvarado

Del baúl de los recuerdos trajeron también “Happy Man”, con Loughnane confesando que antes de pegar en Estados Unidos, este tema ya era éxito en México y Latinoamérica. Y los presentes lo confirmaron cantando cada palabra.

 

“Does Anybody Really Know What Time It Is?” nos devolvió a los días setenteros, mientras las pantallas proyectaban imágenes de la banda en sus inicios, recordando a los fundadores ausentes: el guitarrista Terry Kath, Danny Seraphine, Peter Cetera, y por supuesto, Robert Lamm y James Pankow, cuya ausencia se notó, pero también fue homenajeada en cada nota.

Fotografa: Diana Alvarado

Desde los años 80 llegó “Hard Habit to Break”, interpretada a dueto entre Donell y el bajista Eric Baines, provocando un nudo en la garganta colectiva. Y cuando sonó “You’re theInspiration”, la emoción tocó techo: fue una noche de amor, y se sentía en cada rincón del recinto.

 

La fiesta continuó con los infaltables “Beginnings” y el cover a Jackie Wilson “Your Love Keeps Lifting Me (Higherand Higher)”, que pusieron a todos de pie, mientras “I’m a Man” se convirtió en la antesala de uno de los momentos más espectaculares: el solo de batería a cargo del cubano Walfredo Reyes Jr., quien junto a Ray Yslas ofreció una exhibición virtuosa, intercambiando instrumentos mientras mantenían el ritmo a fuego, mostrando por qué tienen un lugar privilegiado en la historia de la banda.

 

El cierre llegó con artillería pesada: “Just You ‘n’ Me”, “Feelin’ Stronger Every Day” y “Hard to Say I’m Sorry”, pegada con “Get Away”, encendiendo el ánimo como en los mejores años. Pero la cereza del pastel fue “Saturday in thePark”, que hizo cantar a todos como si de verdad estuviéramos en un soleado sábado en Central Park.

 

El encore no se hizo esperar. Regresaron con “Free” y, para rematar, la épica “25 or 6 to 4”, donde los metales rugieron como en los viejos tiempos, haciendo temblar la Arena Monterrey en una catarsis musical que cruzó generaciones.

 

Al salir, muchos lo hacían abrazados, otros aún tarareando. Habían pasado dos horas, pero en el corazón de los presentes parecía que había sido solo un suspiro. La música de Chicago no es solo un soundtrack del pasado, es una promesa de que la emoción, la belleza y la conexión humana pueden durar para siempre. Y esa noche, en Monterrey, se cumplió con creces.

 

Porque hay bandas que tocan. Y hay bandas que marcan. Chicago, definitivamente, es de las segundas.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here