Redacción: Ulises Garcia
21 de junio de 2025/ Ciudad de México.— La Arena CDMX vibró la noche del 20 de junio con una descarga brutal de punk ibérico cuando Evaristo Páramos y La Polla Records tomaron el escenario en una presentación cargada de rabia, nostalgia y pogo del bueno.

Desde el primer acorde de “Salve”, la multitud —una mezcla perfecta de veteranos del movimiento punk y nuevas generaciones con estoperoles relucientes— supo que no sería una noche cualquiera. “¡Buenas noches, México! ¡Esto es punk, cabrones!” gritó Evaristo entre coros y cerveza al aire. El público respondió como si fuera 1983 otra vez.
Un repertorio sin concesiones
El setlist fue una ráfaga de clásicos que no dio tregua. Canciones como “Ellos dicen mierda”, “Txus”, “No somos nada” y “Odio a los partidos” retumbaron con fuerza. En cada verso, se sentía ese ácido sarcasmo que ha hecho de Evaristo una figura infalible del punk en español.

“Nos dijeron que no íbamos a durar ni un puto disco… y aquí estamos, después de 40 años, tocando en este sitio enorme. ¡Qué huevos tenemos todos!”, soltó entre risas el vocalista, que a sus 64 años sigue escupiendo verdades con la misma energía incendiaria.
Punk en estado puro
La conexión con el público fue total. Desde la primera fila hasta las gradas, los fans coreaban cada letra como un mantra de resistencia. Entre empujones y abrazos sudorosos, el espíritu del “hazlo tú mismo” revivió con fuerza.

“Crecí escuchando estos temas con mi papá, y hoy estoy aquí con él. No importa la edad, esto es una forma de vida”, dijo Karen, una fan de 23 años con una cresta verde fosforescente.
La producción fue sencilla pero contundente: luces rojas, pantallas con mensajes antifascistas y un sonido que escupía cada palabra con rabia. No hubo encore, pero sí una despedida fiel al estilo de la banda. “¡Nos vamos, que ya estamos viejos y mañana hay que trabajar! ¡Pero no se olviden, el punk no muere si no se rinde!”

El legado sigue vivo
La noche fue un recordatorio de que La Polla Records no es sólo una banda, sino un símbolo. Un grito colectivo contra la autoridad, la apatía y el olvido. En un mundo que parece anestesiado, ellos siguen gritando lo que muchos callan.
Y mientras salían los últimos asistentes con los oídos zumbando y el corazón acelerado, una frase se repetía en los pasillos de la Arena: “No somos nada… pero aquí seguimos.”






