Redacción: Carlos Cerón
El pasado sábado 19 de julio, el Auditorio San Pedro fue testigo de una experiencia escénica que no se guarda nada. Ahoradespués, escrita por Guido Zappacosta y dirigida por Alonso Iñiguez, no solo emociona: sacude. Con un monólogo interpretado por Jesús Zavala, la obra sumerge al espectador en un viaje personal de duelo, recuerdos suspendidos en el tiempo y la reflexión sobre todo aquello que se postergó hasta que fue demasiado tarde.
Empecemos esta reseña por el final: Ahoradespués es una obra intensa que no te da ni un minuto para alcanzar el clímax, porque el clímax es el inicio. La intensidad, el duelo y la tristeza invaden desde el primer momento. Pero esto no se percibe como un defecto; al salir del Auditorio San Pedro, no se escuchaban voces abrumadas, sino comentarios conmovidos, espectadores impresionados por la entrega emocional que Jesús Zavala ofreció sobre el escenario.
Es una obra que te grita al oído cada etapa del duelo. La pieza, escrita por Guido Zappacosta y dirigida por Alonso Iñiguez, se convierte en un espejo emocional que refleja lo que muchas veces se oculta o se posterga.
Sinopsis
Ahoradespués es la reconstrucción del vínculo entre un hijo y su padre. Diego, el protagonista, realiza un trabajo minucioso para recordar cada instante de un periodo crucial en su vida. Necesita explicárselo, repasarlo y entenderlo para poder contarlo.
Esta obra conecta profundamente con una frase que usamos a diario en México. Una palabra tan cotidiana que parece tener el poder de alterar el tiempo: “ahorita”, “al rato”, y otras variaciones que todos reconocemos. Ahoradespués nos lleva a reflexionar sobre estas expresiones mientras Diego se sumerge en lo que pudo haber cambiado si hubiera vivido más el presente, en lugar de un mañana incierto.
Jesús Zavala ofrece una actuación potente y vulnerable. Solo en escena, sin más apoyo que su cuerpo, su voz y una escenografía mínima, pero eficaz, construye una experiencia emocional total. Pasa del humor al llanto con una honestidad brutal, conectando con el público como lo haría cualquier persona común enfrentando un duelo. El viaje que propone es uno que todos, de una forma u otra, hemos transitado o tememos transitar.
No es una obra para quienes esperan giros sorpresivos o tramas complejas. Desde el primer minuto sabemos cómo empieza y cómo terminará. El foco está en el proceso, en el enfrentamiento crudo con esa situación que cambia la vida. En cómo Diego nos comparte la anécdota de un evento que podría marcar a cualquiera.
Ahoradespués no entrega respuestas. Entrega angustia, melancolía y, sobre todo, un duelo que se instala en la garganta y permanece por días. Es una obra que invita —más bien, urge— a levantar el teléfono y llamar a ese ser querido que aún está, a decir lo que hemos postergado para “en un ratito”.






