Redacción: Arturo Roti
La noche del viernes 22 de agosto, la Arena Monterrey se convirtió en un gigantesco salón de baile donde miles de asistentes celebraron el arranque de la gira del 70 aniversario de La Única e Internacional Sonora Santanera, agrupación que, con siete décadas de historia, sigue siendo la banda sonora de las fiestas mexicanas.

Antes de comenzar la música, el anfitrión de la velada, Arturo Carmona, invitó al escenario a Arturo Ortiz y Antonio Méndez, dos de los miembros más veteranos de la Sonora, quienes dirigieron unas palabras de agradecimiento al público regiomontano por acompañarlos en una noche tan especial. El gesto marcó el inicio emotivo de un festejo que estaba a punto de desbordarse en alegría y baile.
Desde el inicio, la velada tuvo un aire entrañable y familiar: Arturo Carmona y su hija Melanie fueron los anfitriones, encargados de conducir la velada con relatos sobre la trayectoria de la Santanera entre cada bloque musical. Y cuando el reloj marcó las 9:20 de la noche, la orquesta, acompañada por ocho bailarines que dieron vida con sus coreografías a cada tema, arrancó la fiesta con nada menos que “La Boa”, levantando a todos de sus asientos para ponerlos a bailar.

De ahí en adelante, el tiempo pareció detenerse. “¿Dónde Estás Yolanda?”, “La Cumbia del Torero” y la icónica “Luces de Nueva York” hicieron vibrar a un público que iba desde jóvenes en sus veintes hasta veteranos que llegaron acompañados de hijos y nietos, todos compartiendo la misma pista invisible que unía generaciones.
Primer invitado: Erik Rubín
Tras un breve relato de Carmona sobre la historia de la agrupación, llegó la primera sorpresa de la noche: Erik Rubín apareció en escena mientras los músicos de la Sonora se enfundaban en jerseys de los Tigres de la UANL. Entonces sonó el contagioso “El Bomboro Quiña Quiña”, tema que en los últimos años se viralizó gracias a la afición felina y que ahora rinde tributo a André Pierre Gignac.
Rubín, vestido con un elegante traje blanco y sombrero, se quedó en el escenario para regalar una interpretación cargada de nostalgia y romanticismo con “Perfume de Gardenias”, arrancando suspiros a las parejas que bailaban abrazadas.

El desfile de clásicos
La agrupación no dejó descansar a nadie, y vinieron piezas de oro como “El Mudo” y “Los Aretes de la Luna”, que mantuvieron viva la pista.
Kalimba en la pista
El segundo invitado de la noche fue Kalimba, quien puso su voz al servicio de la tradición santanera con una sentida versión de “Mil Maneras”. Poco después, encendió de nuevo el ambiente con “Anoche Soñé Contigo”, que desató gritos y aplausos del público.
Mía Rubín y el legado de Sonia López
El relevo lo tomó Mía Rubín, quien con gracia y frescura rindió homenaje a la inolvidable Sonia López, interpretando dos de los temas que hicieron grande su nombre: “Pena Negra” y “Mi Caprichito”. Su carisma y entrega hicieron sonreír a los presentes, demostrando que la juventud también tiene un lugar en la tradición.

Entre recuerdos y caguamas imaginarias
La noche continuó con “Tita”, “Mi Adiós”, “Saca la Botella” y “Mi Razón”, canciones que provocaron a más de uno las ganas de destapar una caguama y brindar por aquellos años dorados.
María Conchita Alonso, toque internacional
El siguiente turno fue para María Conchita Alonso, quien sorprendió al interpretar sus éxitos “Acaríciame” y “Noche de Copas”, ahora con el inconfundible sabor santanero. Fue un encuentro de generaciones y estilos que se sintió único y fresco.
Homenaje solemne
El ambiente cambió de tono con “A Muchos Años”, tema acompañado de un emotivo tributo en pantallas a los integrantes de la Sonora que ya partieron: Carlos Colorado, los hermanos José y Juan Bustos, Silvestre Mercado, Andrés Terrones y varios integrantes más. La Arena entera rindió un aplauso que fue más homenaje que despedida, cargado de respeto y gratitud.

La fiesta no decae
El baile volvió con fuerza gracias a “Bote de Vela”, “Pedacito de Vida”, “Pagarás”, “Ojitos Mentirosos”, “Atolito con el Dedo”, “Fruto Robado” y la electrizante “Musita”, que levantó hasta al más cansado para un último zapateo.
Y cuando parecía que la noche llegaba a su fin, la orquesta soltó joyas como “Qué Bello” y “El Botones”, antes de que todos los integrantes sorprendieran al colocarse máscaras de luchadores para desatar la locura con “Los Luchadores”, uno de los momentos más esperados de la noche.
El gran final
El cierre fue a lo grande, con “La Boa” sonando una vez más para confirmar que el clásico nunca pierde frescura. Por supuesto, el público exigió encore, y la Santanera complació con un bloque final que incluyó “La Vida es un Carnaval”, “Mil Horas” y un cierre pletórico con “El Orangután”, desatando la última descarga de energía de la multitud.
La velada terminó como empezó: con sonrisas, con baile y con la certeza de que la Sonora Santanera no es solo una agrupación, sino un símbolo cultural que une a México en torno a la música, la memoria y la fiesta. Una noche donde los más grandes fueron los más felices, pero en la que todos, sin excepción, encontraron su propio compás para celebrar.






