Monterrey vivió una noche que quedará marcada en la memoria de miles de fans: Kylie Minogue regresó al escenario regio después de 14 años, y lo hizo con toda la energía, el glamour y la excentricidad que la caracterizan.
El show arrancó a las 21:10 horas con un despliegue de rayos láser que levantó los gritos y la emoción de las más de seis mil personas reunidas en el Auditorio Banamex. La euforia se desató cuando, entre escaleras de espejo y rodeada de ocho bailarines, tres coristas y sus músicos, apareció Kylie enfundada en un enterizo verde brillante con detalles dorados.
“Esta será la mejor noche de todas”, prometió la australiana a su público regiomontano, y cumplió. Desde los primeros acordes de “Light, camera, action”, pasando por clásicos como “In Your Eyes”, “Get Out of My Way” y “Come Into My World”, la artista hizo cantar a todo pulmón a la audiencia.
Entre cambios de vestuario llenos de brillo y dramatismo, Minogue transformó el escenario en una fiesta interminable. Primero con un conjunto verde, luego con un look rojo estilo Aladino, más tarde con un vestido negro que escondía tiras con los colores de la bandera de México —detalle que arrancó ovaciones—, y finalmente con un atuendo naranja, amarillo y negro con su nombre estampado, con el que dio cierre a la velada.
La conexión con sus fans fue total: recibió rosas, se probó una chamarra de mezclilla con su rostro estampado, dedicó canciones a capela para demostrar que su voz está en plena forma y hasta tomó de la mano a una fan para regalarle un momento inolvidable.
La noche también tuvo un respiro acústico con “Say Something”, antes de que el auditorio se transformara en una auténtica discoteca gracias a una bola de espejos gigante que acompañó temas como “Supernova”, “Real Groove” y “Magic”.
El clímax llegó con “Padam”, “In My Arms” y, como broche de oro, “Love at First Sight”, con un público que no dejó de cantar, gritar y agitar abanicos hasta el último segundo.
Tras casi dos horas de música, luces y emociones, Kylie Minogue se despidió dejando claro que Monterrey la esperaba con ansias… y que la espera valió absolutamente la pena.






