Fotógrafa: Mariela Pocurull

Por si alguien dudaba que Monterrey sabe festejar como se debe, la noche del 30 de enero en el Escenario GNP Segurosquedó como prueba oficial. Luis Ángel “El Flaco” no llegó solo: llegó con amigos, con sed de la buena y con un público listo para cantar hasta que se rompiera la garganta… o el hígado, lo que cayera primero.

Desde temprano el ambiente ya pedía acción. Los primeros acordes de temas como “El Sinaloense”, “Hasta que salga el sol” y “El que te amo” calentaron motores y despertaron esa sed peligrosa que solo aparece cuando la banda suena bonito y el corazón anda sensible.

Fotógrafa: Mariela Pocurull

Jessi Uribe abrió la botella… y la garganta

El primer invitado fue el colombiano más mexicano del regional: Jessi Uribe. Apenas subió, se hizo amigo del tequila de la mesa como si lo conociera de toda la vida. Entre risas y brindis improvisados, cantó con sentimiento “Si ya me voy”, “Coqueta”, “Acá entre nos” y “Fuerte no soy”, demostrando que el despecho también cruza fronteras.

Entre canción y canción, El Flaco soltó la frase que definió la noche:
“Este güey ya me dejó pedo y todavía falta todo el show”, luego de ver que entre los dos ya habían desaparecido buena parte de la botella.

 La fiesta apenas iba agarrando vuelo

Con “A toda madre”, el recinto se convirtió en pista de baile. Hubo quienes se adueñaron del pasillo, otros bailaron desde su asiento y algunos nomás movían la cabeza con dignidad porque el tequila ya empezaba a hacer de las suyas.

El Flaco aprovechó para recordar a Yeison Jiménez con “El enamorado”, mandando saludo hasta Colombia y provocando uno de los momentos más emotivos de la noche.

El Yaki, Julio Preciado y la reunión que nadie quería que acabara

El segundo en subir fue El Yaki, aunque El Flaco primero fingió que no había llegado solo para meterle drama al asunto. Tan bueno estaba el ambiente que Julio Preciado se adelantó a su turno porque ya quería sentir la vibra regia.

Y ahí se armó el verdadero convivio: El Yaki, Jessi Uribe, JuanMa y El Flaco compartiendo micrófonos con rolones como “Acábame de matar”, “Mi gusto es” y “Mi tesoro”. Más que concierto, parecía reunión de compadres con banda en vivo.

Fotógrafa: Mariela Pocurull

Salomón Robles y la mezcla perfecta

Cuando parecía que ya no podían sorprender más, apareció Salomón Robles. Banda y norteño unidos es sinónimo de felicidad norteña, y el público lo confirmó con temas como “Un indio quiere llorar”, “Que me lleve el diablo” y “Por qué me haces llorar”.

Ahí sí, Monterrey cantó con el alma, con el vaso en la mano y con ese dramatismo que solo sale cuando la música pega donde debe.

Final entre serpentinas, voz rota y corazones contentos

El Flaco confesó que movió todo el setlist porque no quería que ninguno de sus amigos se bajara del escenario. Cerraron con “Mi último deseo” entre lluvia de papelitos, serpentinas y un público que ya no tenía voz, pero sí muchas ganas de seguirla.

La combinación fue perfecta: canciones bien elegidas, invitados con química real y un público que no fue a ver un show, sino a vivirlo. Y si se terminó fue solo porque ya era tarde, porque ganas de seguir había de sobra.

Si Luis Ángel “El Flaco” vuelve a Monterrey, no se lo piensen: aquí no se viene a sentar bonito, se viene a cantar, brindar y salir con historias que no siempre se pueden contar completas.

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