Monterrey no fue solo sede de un concierto… fue testigo de una catarsis colectiva.
Este 28 de febrero, Wilfran Castillo no llegó únicamente a cantar; llegó a contar historias. Historias de amor que se fueron, de silencios que duelen más que una traición y de recuerdos que, aunque intenten olvidarse, regresan con cada acorde de acordeón.
Desde los primeros temas como “Sueños de olvido”, “Volver”, “Perdóname” y “No voy a llorar”, el público dejó claro que no iba como espectador, sino como protagonista. Cada letra era coreada con esa intensidad tan característica del público regio.

“Gracias por cantar conmigo… yo valoro mucho que estén aquí teniendo a Alejandro Fernández también en la ciudad. Qué vergüenza con Alejandro, ¿cómo le quité 5 mil o 7 mil personas?”, bromeó el colombiano, provocando risas y una ovación acompañada de un poderoso: “¡Wilfran, Wilfran!”.
La noche avanzó entre himnos como “Aún no has regresado”, “Nunca niegues”, “Me mata la melancolía” y “Cómo duele el frío”. En cada pausa, Wilfran hablaba como quien conversa con amigos de toda la vida.
Confesó que pidió a su disquera grabar el concierto porque, dijo, en Monterrey se canta “con mucho sentimiento” y el mundo tenía que escucharlo.

Uno de los momentos más íntimos llegó cuando expresó:
“Lo peor que le puedes hacer a una persona que dejas de amar es el silencio… así que yo no merezco tanto silencio”.
Y entonces sonaron “No merezco tanto” y “Ella se llevó mi vida”, convirtiendo el recinto en un mar de luces y nostalgia.
Las historias detrás de las canciones también se hicieron presentes. Antes de interpretar “Te perdoné”, reveló que la escribió para una chica de Monterrey que amaba a alguien que no la valoraba. El público reaccionó entre risas, suspiros y gritos de complicidad.
Hubo espacio para el humor cuando dijo: “Yo fui tramposo en el amor hasta que me casé… señora, yo respondo por mí, no por su esposo”, arrancando carcajadas.

La emoción subió aún más cuando leyó un mensaje de una fan que sobrevivió a una cirugía de emergencia y pidió dedicar el concierto a quienes no corrieron con la misma suerte. “Jamás había pasado eso en un concierto mío”, confesó visiblemente conmovido antes de invitarla a subir para tomarse una foto. Fue uno de esos momentos que no se planean, pero quedan tatuados en la memoria colectiva.
Cerca del final, rompió el protocolo del setlist. Tomó su guitarra eléctrica y comenzó a cantar temas que no estaban programados. Interpretó “Los caminos de la vida”, rindiendo homenaje a Omar Geles, recordando que gracias a él pisó Monterrey por primera vez.
El cierre fue apoteósico. Tras el clásico grito de “¡Otra, otra!”, regresó al escenario para interpretar “Hoja en Blanco” y ahora sí, despedirse en medio de un coro unificado que enchinó la piel.

Si algo quedó claro es que Wilfran Castillo no solo canta vallenato: narra vidas. Y en Monterrey, esas historias encontraron eco.
Como punto a mejorar, algunos asistentes señalaron que los coristas leyeron varias letras durante el show, detalle que contrastó con la entrega total del público que sí se sabía cada palabra.
Pero aun así, la noche fue un recordatorio de que el vallenato, cuando cuenta verdades, no solo se escucha… se siente.






