Fotografo : Pablo Rodriguez

Redacción: Arturo Roti

 

Monterrey vivió anoche una de esas veladas que quedan grabadas para siempre en la memoria colectiva de los amantes del rock progresivo. El Showcenter Complex fue testigo del poder de BEAT, la super banda liderada por Adrian Belew que rinde tributo a la etapa ochentera de King Crimson. Un homenaje no solo autorizado, sino también bendecido por el mismísimo Robert Fripp, fundador de la legendaria agrupación británica.

 

El cartel fue un auténtico sueño hecho realidad: Adrian Belew (voz y guitarra), Tony Levin (Chapman Stick y bajo), Steve Vai (guitarra) y Danny Carey (batería), cuatro colosos de la música reunidos para revivir la trilogía sagrada de King Crimson: Discipline (1981), Beat (1982) y Three of a PerfectPair (1984). Sin lugar a dudas, una alineación estelar que convirtió la noche del 24 de abril en una cita obligada para cualquier melómano de corazón.

Fotografo: Arturo Roti

El viaje comienza

En punto de las 9:00 p.m., los primeros acordes de “Neurotica” abrieron las puertas del caos controlado, una pieza densa y frenética que dejó claro el tono de la noche: precisión quirúrgica y creatividad desbordante. Apenas terminó el tema, Adrian Belew saludó al público con un cálido “Hola, ¿Cómo están? You’re beautiful!”, desatando la ovación.

 

A partir de ahí, las emociones no dieron tregua: “Neal and Jack and Me”, “Heartbeat” y “Sartori in Tangier”, todas del disco Beat, capturaron esa mezcla única de sofisticación técnica y sensibilidad pop que caracterizó la era ochentera de Crimson. Steve Vai, con su Ibanez de siete cuerdas y un traje al estilo pachuco de los años 40, se robó las miradas, mientras Tony Levin dominaba el escenario con su imponente Chapman Stick.

Fotografo : Pablo Rodriguez

El repertorio continuó con piezas del álbum Three of a Perfect Pair, como “Model Man”, “Dig Me” y “Man With anOpen Heart”, donde la locura sonora estaba meticulosamente diseñada. “Industry” fue uno de los momentos más experimentales, con sonidos que salían de la guitarra de Belew como si fueran generados por otra dimensión. La idea de que todo recurso es válido sobre un escenario quedó clara: texturas, disonancias y efectos retorcidos crearon una atmósfera única.

 

Uno de los clímax técnicos llegó con “Larks’ Tongues in Aspic (Part III)”, donde Steve Vai se lució con un solo que terminó en un duelo glorioso con Belew. Ambos guitarristas tejieron un tapiz sonoro tan complejo como hipnótico. La sincronía fue tan perfecta que resultaba difícil creer que no llevaban años tocando juntos.

Tras una pausa de 20 minutos y ante la ovación del público, el segundo acto comenzó con “Waiting Man”. Danny Carey tomó el control con una introducción en tarolas, a la que se sumó Belew en la percusión. Uno a uno, los músicos regresaron al escenario para continuar el viaje.

Fotografo : Pablo Rodriguez

El corazón del Crimson ochentero

Temas como “The Sheltering Sky” y “Sleepless” ofrecieron espacio para que Tony Levin brillara con su bajo, creando líneas tan precisas como emotivas. Pero el bloque más esperado fue, sin duda, el del álbum Discipline. “Frame byFrame” mostró una sincronía impecable entre Vai y Belew, mientras que “Matte Kudasai” flotó como una caricia sonorapara los asistentes.

Cuando llegó “Elephant Talk”, el Showcenter estalló. Uno de los temas más reconocibles y esperados de la noche, con Belew imitando el retumbo de un elefante en una actuación lúdica y brillante que arrancó sonrisas y gritos por igual.

 

El gran final

El cierre no podía ser más contundente: “Three of a PerfectPair” e “Indiscipline” sirvieron como clímax emocional y técnico, con Danny Carey desatando un solo de batería memorable que sacudió cada rincón del recinto. La locura se apoderó del escenario… y del público.

 

Para el encore, BEAT nos regaló dos joyas más: “Red” y “Thela Hun Ginjeet”. Y como broche de oro, Steve Vaiapareció en escena vistiendo la camiseta de la Selección Mexicana de fútbol, provocando una ovación estruendosa. Un gesto que selló una noche mágica, cargada de respeto, genialidad y gratitud hacia el público mexicano.

Fotografo : Pablo Rodriguez

Un tributo que trasciende

Lo que BEAT ofreció en Monterrey no fue solo un concierto. Fue una clase magistral de música progresiva, una carta de amor a una de las etapas más audaces de King Crimson, y un encuentro entre leyendas vivas que, lejos de anclarse en la nostalgia, siguen expandiendo los límites del arte sonoro. Los asistentes fueron testigos de un momento irrepetible, de esos que no se cuentan… se viven.

Fotografo : Pablo Rodriguez

Y anoche, todos los que estuvimos allí, lo vivimos.

2 COMMENTS

  1. Excelente crónica! Yo viajé desde Pachuca Hidalgo. De las mejores noches de mi vida. Una chulada Monterrey y los regios.

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