Redacción: Elena Aranda
Una velada inolvidable se vivió en el Escenario GNP Seguros con la presentación de Napoleón Sinfónico, donde la música, la emoción y el cariño del público se fusionaron en un concierto que difícilmente se olvidará.
Y esta vez, no hubo espacio para despedidas. Aunque su gira de adiós Hasta Siempre comenzó en 2023 y continuó hasta 2024, parece que Napoleón se dio cuenta de algo importante: aún no es momento de bajarse del escenario. “Quería cantarles 30 años y llevo más de 50… y no se me ocurre algo mejor que hacer que cantarles hasta el último día de mis días”, expresó ante un público que lo ovacionó de pie. ¿Será que tendremos Napoleón para rato?

Acompañado de su esposa, Susana —quien estuvo presente disfrutando cada nota—, el artista dejó claro que la vida en familia y la vida sobre el escenario pueden ir de la mano. De hecho, antes de interpretar “Corazón, Corazón”, soltó una de las frases más emotivas de la noche:
“Ella nunca quiere ser protagonista, pero lo es. Es la razón por la que sigo despertando cada día con ilusión. La sigo amando como aquella vez que la vi, con su cara de niña… Susana, mi esposa, a quien amaré hasta el último latido de mi corazón.”
Las emociones fluyeron canción tras canción. Desde clásicos como “Celos”, “30 Años”, “Pajarillo” y “Canción del Molino Rojo”, hasta joyas íntimas como “Sin tu amor”, que dedicó a su madre como ya es tradición en sus shows.

También hubo momentos divertidos. Como cuando, con su estilo muy personal, recitó “El Moco” y le añadió frases improvisadas, sacando risas y aplausos del público. Y claro, no podía faltar la canción a capela: esta vez fue “Melancolía”, interpretada por petición del público. Su voz sigue tan potente como siempre, y eso emocionó a todos los presentes.

La conexión con Monterrey fue palpable durante toda la noche. Napoleón agradeció una y otra vez al público regio que lo vio nacer como artista, recordando sus primeras presentaciones en el programa de Rómulo Lozano, donde cantó por primera vez “El Grillo”.
“Sin ustedes, esta vida —hablo de la mía— no tendría sentido. Me siento muy contento”, dijo antes de interpretar “Quisiera”.
También presentó a su equipo de músicos y coristas, su “segunda familia”, reconociendo con orgullo que uno de ellos ha estado con él desde sus inicios.

Y como todo lo bueno tiene un final (aunque con Napoleón nunca se sabe), llegó el momento de la despedida. Luego de interpretar “Hombre”, dijo con el corazón en la mano:
“Monterrey, muchas gracias por dejarnos estar aquí. Aquí empecé y aquí terminaré. Ustedes son la causa principal de lo que ha sido mi vida como cantante. Hasta siempre, con todo mi corazón.”
Pero el público no se movió. Todos sabían que faltaba una más. Al grito de “¡Vive!”, Napoleón regresó al escenario para cantar “Eres” y luego, sí, el momento más esperado: “Vive”, ese himno a la vida que pone la piel de gallina.
“Gracias Monterrey por esta noche. Esta canción va para cada uno de ustedes. Cuatro letras que me han acompañado desde que la escribí. ¡Y que viva Monterrey!”
Entre aplausos, ovaciones y corazones conmovidos, Napoleón se despidió con la promesa de no olvidar jamás a esta ciudad que lo abrazó desde el inicio:
“Gracias Monterrey de mis amores, de mis recuerdos y de mi vida. Nunca los olvidaré. Que Dios los bendiga. ¡Gracias, señoras preciosas, mujeres divinas!”
Una noche mágica. Un artista eterno. Y un público que no deja de quererlo.






