Redacción: Ulises Garcia
La noche del 5 de julio, la Arena CDMX se rindió ante la inconfundible fuerza de Alejandra Guzmán. La Reina del Rock desató una tormenta de energía, luces y emoción, ofreciendo un espectáculo vibrante que reafirmó su estatus como una de las figuras más poderosas del pop-rock en español. Frente a un público eufórico y completamente entregado, la Guzmán demostró que no necesita invitados para brillar; el escenario fue suyo, y de nadie más.

Con una producción visual impactante que incluyó láseres deslumbrantes, una escenografía neón que vibraba al compás de cada nota y un ingenioso auto a escala como sorpresa escénica, Alejandra abrió la noche con el clásico “La plaga”, sentando el tono de lo que sería una velada inolvidable. A partir de ese momento, encadenó éxito tras éxito sin dar tregua: “Reina de corazones”, “Volverte a amar”, “Yo te esperaba”, y la icónica “Eternamente bella”, cada tema coreado a todo pulmón por la multitud. La velada culminó con un explosivo “Hacer el amor con otro”, ovacionado y cantado al unísono por todos los asistentes, cerrando una noche cargada de adrenalina.

Un Momento Emotivo: Alejandra Cantó para su Padre
Pero la noche tuvo un momento particularmente emotivo que tocó el corazón de todos. Entre las primeras filas, el legendario Enrique Guzmán, padre de Alejandra, se encontraba presente, siendo testigo del arrollador talento de su hija. En un gesto cargado de cariño y admiración, Alejandra detuvo el ritmo frenético del show por un instante, bajó del escenario para acercarse a él y le dedicó unas palabras y una parte de una canción directamente a su padre, un instante íntimo que resonó con el público y mostró la conexión familiar más allá de los reflectores.

Sin pausas innecesarias, Alejandra Guzmán lo dio todo: cantó con su característica pasión, bailó con una energía inagotable, tocó la guitarra y reafirmó por qué su presencia escénica sigue siendo una de las más imponentes. El “Brilla Tour” cumplió su promesa: hacerla brillar con fuerza propia, sin necesidad de artificios ni colaboraciones. Solo su voz inconfundible, su historia de vida plasmada en cada canción y una Arena CDMX encendida coreando cada palabra. Una noche que rugió, brilló por todo lo alto y nos recordó por qué Alejandra Guzmán es, y seguirá siendo, la Reina del Rock.







