Monterrey vibró y sudó de emoción este 13 de agosto en la Arena Monterrey, donde Juan Luis Londoño Arias —mejor conocido como Maluma— hizo estallar el recinto con una noche de puro ritmo, fuego y glamour.
Desde antes de aparecer en el escenario, el “pretty boy” logró atraer el corazón del público regiomontano. Las pantallas cobraron vida con un video que mostró su caminata desde su recogido hasta el elevador que lo elevaría ante más de 10,000 almas entregadas, ansiosas por ese primer impacto.

Y llegó el momento: entre humo y gritos de euforia, Maluma hizo su entrada triunfal acompañado de la canción que lo marcó como ícono urbano: “Borró Cassette”. En ese instante, la temperatura subió de inmediato, no solo por el calor caribeño que desprendían sus movimientos con las bailarinas, sino por la pasión que emanaba cada nota.
“Buenas noches Monterrey, esta noche será mágica.”
Así arrancó una primera parte del show cargada de éxitos contagiosos. El set incluyó joyas como “El Perdedor”, “Obsesión”, “Vente Pa’ Ca”, “Chantaje” y “4 Babys” que hicieron cantar y vibrar a toda la arena.

En el despliegue escénico, Maluma estuvo respaldado por un poderoso equipo: 10 bailarinas, una sección de músicos impecable y una producción visual que incluyó luces LED, pirotecnia, fuego, y hasta un segundo escenario ubicado al fondo de la cancha. Fue una coreografía visual que elevó la energía de cada segundo.

El artista tomó un momento para agradecer al público por acompañarlo desde sus primeros pasos en recintos mucho más pequeños —“donde tocaba para 2,000 personas”—, soñando con la grandeza. Con humildad, afirmó: “muy pronto estaré listo para un estadio, porque los sueños se cumplen.”

El ambiente se encendió aún más cuando los regios comenzaron a lanzarle piropos… y ese famoso “¡mucha ropa, mucha ropa!”. Maluma entendió el mensaje, volvió sin camisa y con un par de cambios de vestuario que hicieron subir la temperatura al máximo.

Uno de los instantes más íntimos fue un momento a capela, al ritmo de “Hawái”, donde las 10,000 voces de la arena se fundieron en una sola —un coro vibrante e inolvidable. Luego, en su paso por el escenario alterno, saludó a los fans, se tomó selfies y continuó cantando éxitos como “Oh Nana” y “Cosas Pendientes”.
La fiesta se elevó con un guiño a lo tradicional: luciendo sombrero vaquero y camisa de la Selección Mexicana, Maluma entonó “El Rey” acompañado de un mariachi. Pero no fue solo —sobre el escenario apareció Pipe Bueno, su amigo de la infancia, con quien compartió complicidad y canto, arrancando aplausos sincros de la audiencia.

La alegría musical siguió con temas que explotaron en canto colectivo: “11:00 p.m.”, “Felices los 4”, “Mojando Asientos” y “Amigos con Derecho”.
Para cerrar por todo lo alto, el colombiano nos dejó con la piel chinita con “Sobrio”, “Cada Quién”, “Según Quién” y “Bronceador”. El final fue un torbellino de luces, voces y emociones.
En resumen, Maluma entregó en Monterrey un espectáculo que fue mucho más que un concierto: fue un viaje emocional, caliente, y absolutamente inolvidable. Nos llevó desde el camerino hasta el último aplauso, con una narrativa fresca, explosiva y cargada de autenticidad y carisma.






