Ciudad de México. – Bronco volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los gigantes del regional mexicano. En su gira “Dejando Huella”, la agrupación regiomontana llenó por segunda vez en el año la Arena CDMX, ofreciendo un concierto que mezcló tradición, fiesta y grandes sorpresas.

El público estalló desde los primeros acordes de clásicos como “Libros Tontos”, “Sergio el Bailador” y “Que No Quede Huella”, coreados a todo pulmón por miles de asistentes. Pero el verdadero sello de la noche fueron los invitados que se sumaron al escenario, cada uno aportando un momento inolvidable.

“Esta noche es para agradecerles que siempre nos acompañen. Bronco no sería nada sin su gente”, dijo emocionado Lupe Esparza, antes de presentar a la primera sorpresa de la velada.
El exacadémico Víctor García se unió al grupo para cantar “Que te han visto llorar”, provocando gritos y aplausos que pedían que la colaboración se lleve pronto al estudio.

Más tarde, Lila Downs apareció en escena y con su poderosa voz interpretó “Naila”, generando un momento de orgullo mexicano que hizo vibrar al recinto.
La fiesta subió de tono con los Súper Lamas, que con “Yo quiero chupar” transformaron la Arena en una enorme cantina popular, donde nadie se quedó sentado.

Pero la sorpresa mayor llegó con Julieta Venegas, quien tomó su acordeón y, junto a Bronco, interpretó “Adoro”. La mezcla de norteño con pop alternativo fue tan inesperada como emotiva: “Esto no fue un dueto, fue un evento astronómico”, comentó una fan entre lágrimas y aplausos.
Aunque un apagón técnico interrumpió momentáneamente la canción “Déjame amarte otra vez”, la energía del público mantuvo vivo el show hasta que las luces regresaron. Pasada la medianoche, Bronco cerró con “No nos vamos a olvidar”, dejando claro que siguen siendo parte fundamental de la memoria musical de México.
Antes de despedirse, Lupe Esparza anunció una colaboración con Víctor García para el próximo 18 de septiembre, promesa que arrancó ovaciones de la multitud.

Bronco no solo dio un concierto; ofreció una fiesta intergeneracional, donde abuelos, padres e hijos cantaron al unísono. La Arena CDMX fue testigo de que, a casi cinco décadas de trayectoria, el grupo no solo sigue vigente: Bronco sigue dejando huella en el corazón de México.






