Monterrey, N.L.— La noche del 12 de septiembre quedará marcada en la memoria de miles de regiomontanos. Ramón Ayala, el eterno “Rey del Acordeón”, celebró sus más de seis décadas de trayectoria artística con un concierto histórico en la Arena Monterrey, donde un público entregado abarrotó el recinto para rendirle homenaje.

Desde su salida al escenario, vestido con su inconfundible sombrero blanco y acompañado por su acordeón, Ayala conquistó de inmediato. “Gracias por estar aquí esta noche conmigo, ustedes son mi vida, mi gente querida”, expresó con voz firme, mientras el público lo ovacionaba de pie.

El repertorio fue un viaje por los grandes clásicos que lo convirtieron en leyenda. Temas como “Tragos Amargos”, “Un Puño de Tierra” y “Chaparra de mi Amor” hicieron cantar a miles de gargantas al unísono. El ambiente alcanzó su punto más emotivo cuando interpretó “Que me lleve el diablo”, momento en que el público coreó cada palabra con fuerza, dejando en claro la profunda conexión con el artista.
La energía no decayó en ningún instante. “Hoy celebramos juntos, porque esta música no muere, mientras haya un acordeón sonando, habrá fiesta”, exclamó Ayala, arrancando gritos y aplausos que cimbraron la Arena.

El recinto, completamente lleno, vibró con cada acorde y cada verso. Familias completas, jóvenes y adultos mayores disfrutaron de una noche en la que el tiempo pareció detenerse. “Es increíble verlo aún con esa pasión, él es historia viva de la música norteña”, comentó un asistente al final del show.

Con un cierre cargado de emoción, Ramón Ayala se despidió agradecido: “Mientras Dios me dé fuerzas, aquí seguiré con ustedes”. Y así, entre aplausos interminables, quedó claro que su legado no solo se escucha, sino que se siente en cada corazón que lo acompaña.






