Redacción: Arturo Roti
¡Y qué arrancón! Ayer, 3 de octubre, Bronco dio el primero de sus dos conciertos en la Arena Monterrey, con un lleno total que hizo vibrar el recinto de principio a fin. Desde antes de las 9 de la noche, ya se veía venir la fiesta: botas relucientes, sombreros bien calados y parejas listas para bailar al ritmo del grupo más querido de Nuevo León.

Pasadas las nueve, las luces bajaron y el rugido del público marcó la entrada triunfal de Bronco sobre un escenario redondo, rodeado por cuatro enormes pantallas que convirtieron la Arena en un baile masivo. El clásico “Amigo Bronco” abrió la noche, desatando la euforia colectiva, y sin dar respiro siguieron “Oro”, “Mírenla, mírenla”, “El golpe traidor” y “Estoy a punto”, con la que Lupe Esparza saludó emocionado a su gente.
“Nadie se puede ir a su casa si no escucha su canción preferida. Hoy tenemos repertorio largo y mientras aguanten vara, nosotros seguimos”, soltó Lupe entre aplausos, y vaya que cumplió: el grupo interpretó más de 34 canciones entre temas completos y medleys que recorrieron toda su historia.

El público se entregó por completo con joyas como “Los castigados”, “La pata coja”, “A qué le tiramos”, “Cumbia triste”, “Con la tierra encima” y “Voy a tumbar la casita”, donde la pista se transformó en una gran pista de baile norteño. Tampoco faltaron los éxitos de siempre: “Libros tontos”, “Grande de cadera” y los temas de su más reciente producción como “Bienvenido Dolor”.

Hubo también momentos de corazón apachurrado con “Por retenerte” y “Espinas”, coreadas por toda la Arena con luces de celulares encendidas. El primer invitado de la noche fue La Firma, que junto a Bronco encendió el ánimo con “Sergio el bailador” y “Nunca voy a olvidarte”, en un dueto lleno de sentimiento entre Lupe Esparza y Luis Padilla.

Y así, canción tras canción, Bronco fue soltando todo su repertorio, sin dar tregua y manteniendo a la Arena de pie, bailando y coreando cada palabra. Era una noche donde el tiempo parecía haberse detenido: entre el público se veían hombres y mujeres vestidos al estilo Bronco de aquellos primeros años de los noventas, con sus chalecos vistosos, sombreros bien puestos y camisas brillantes, como si hubieran salido de una vieja portada de disco. Ese detalle le dio a la velada un aire nostálgico y mágico, un reencuentro con el Bronco de antaño que marcó a toda una generación, pero con la energía intacta que sigue moviendo corazones y botas por igual.

El ambiente siguió en alto con “Qué te han visto llorar”, “Dos mujeres un camino” y “Si te vuelves a enamorar”, hasta que llegó el turno de los segundos invitados: Los Chicharrines, quienes pusieron el toque cómico con “El sheriff de chocolate”.
Ya para cerrar la velada, Bronco se despidió con “Con zapatos de tacón”, pero el público no los dejó ir sin el encore. Regresaron con “Corazón duro”, enlazada con “Adoro”, y finalmente los himnos esperados de la noche: “Que no quede huella” y “No nos vamos a olvidar”, con los que sellaron una jornada llena de nostalgia, fiesta y orgullo norteño.

Entre gritos, aplausos y miles de sonrisas, quedó claro que Bronco sigue siendo sinónimo de casa llena, baile asegurado y corazón contento.






