Redacción: Elena Aranda
El sábado 4 de octubre quedó marcado a fuego para los fans de Odisseo: en punto de las 9:10 p.m. arrancó el concierto en el Escenario GNP Seguros, y lo que siguió fue una montaña rusa de emociones, voces al aire y una atmósfera absolutamente entregada al rock alternativo.

Desde los primeros acordes, el público decidió: estar de pie, saltar, cantar y dejarse llevar. Mirabas a cualquier lado y veías caras radiantes, brazos al cielo y una euforia compartida que solo se logra cuando banda y asistentes vibran al mismo ritmo.

Eligieron “Ingenuos” y “Barry” para prender el ambiente —y no es casualidad: Odisseo surge de la fusión entre odio y deseo, sentimientos que recorren sus letras desde el origen.
La velada continuó con uno de sus himnos más queridos: “Por la música”. Juan Pablo, al micrófono, dijo:
“Muchas gracias. La siguiente canción es muy importante para nosotros, porque parece poca cosa, pero sin este elemento ustedes y nosotros nunca nos hubiéramos conocido… ‘Por la música nos conocimos’.”
El público estalló, coreando “música” con fuerza, mientras las luces balanceaban y el recinto se llenaba de vibra pura.
Luego llegaron “Días de Fuego”, con su mensaje de decisiones difíciles; “Estrella de Seda”, con su toque nostálgico y romántico; “Dos Extraños” y “La Tregua”, que completaron un recorrido emotivo por el catálogo de la banda.

El punto más mágico fue cuando un mar de celulares iluminó el lugar con “Nube Fantasma”. Fue ese momento íntimo colectivo que muestra que, más allá del volumen, la música también es encuentro.

Pero aún quedaba el cierre: regresaron para ofrecer al público “Llama Gemela” y coronaron la noche con “Los Imanes”. Ese cierre, con coro unísono y gritos, dejó en claro que quienes vivieron esa experiencia se llevaron algo más que música: se llevaron momentos.

Odisseo no solo dio un concierto; construyó una experiencia. Una noche aguda, intensa, que más allá de canción tras canción supo fluir de inicio a fin… tanto que el tiempo se sintió corto.






