Redacción: Arturo Roti
Ayer por la noche, el Escenario GNP Seguros se vio colmado de emoción, música y complicidad. El Cuarteto de Nos, la emblemática agrupación uruguaya, regresó con fuerza a Monterrey ante un recinto completamente lleno, rodeado de fanáticos que esperaban su regreso con ansias. Desde antes de la hora pactada, se percibía la atmósfera: filas interminables, rostros deseosos, y muchos seguidores ataviados como “Cris” —gorra roja, camisa amarilla, zapato rojo y otro amarillo, mezclilla y cinturón gris—, recreando uno de los personajes más icónicos de la banda.

El reloj marcó las 9:15 de la noche cuando Cuarteto de Nos subió al escenario. Con la energía a tope, arrancaron su show con “Cara de Nada”, tema que desató los primeros gritos y saltos de la multitud. Sin demora, continuaron con “El hijo de Hernández”, que puso a todos a brincar, y siguieron con “Ya no sé qué hacer conmigo” y “Lo malo de ser bueno”, manteniendo un ritmo intenso que acaparaba cada rincón del recinto.
Fue entonces cuando Roberto Musso, el vocalista, se dirigió al público. Agradeció la bienvenida, el hecho de estar de nuevo ahí, y preguntó cuántos asistían por primera vez. Para su sorpresa —y seguramente alegría— muchas manos se alzaron, muchas jóvenes voces infantiles se unieron al coro, algunas voces aún infantiles reventando letras con entusiasmo contagioso.
El repertorio siguió con “Algo mejor que hacer” y luego “En el cuarto de Nico”, canción que vino acompañada de imágenes proyectadas en las pantallas gigantes: un cuarto íntimo repleto de libros, discos, gatos y ese tocadiscos que gira una y otra vez, evocando nostalgia y distinción.

Luego vinieron “Fiesta en lo del Dr. Hermes”, una pieza que se transformó gracias a un rap entre Roberto Musso y Santiago Marrero, un momento de complicidad musical que electrificó el ambiente. El público, cada vez más inundado de emoción, empezó a corear a todo pulmón: “Cuarteto, Cuarteto”. Musso, emocionado, comentó: “Gracias gracias, no se imaginan la visión que tengo desde acá para con todos ustedes…”
No tardaron en aparecer los gritos de “Topo!”, en referencia a Gustavo Antuña, quien tímidamente devolvió la ovación con una sonrisa, mientras las manos y los flashes alrededor no paraban. Momentos más tarde, con “Cómo pasa el tiempo” y “Mario Neta”, el público saltaba y cantaba cada verso, completamente entregados.

La crítica social hizo acto de presencia con “El perro de Alcibíades”, una canción punzante dedicada a los políticos que desvían la atención con distracciones para ocultar sus propias corruptelas. Luego siguió “Maldito Show”, y el emblemático “Contrapunto para humano y computadora”, interpretado en parte sin banda: solo Musso junto a sampleselectrónicos, acentuando la tensión entre la humanidad y lo tecnológico, entre la fragilidad del ego humano, lo que nos hace únicos, y la amenaza latente de lo que hemos creado.

Con temas como “Esplín”, “No llora” —donde miles de luces de celulares iluminaron el recinto—, “Rorschach”, “Me amo”, y una de las más esperadas: “Cinturón gris”, llegó la locura colectiva. Para cerrar lo formal, “Gaucho Power” e “Invierno del 92” sellaron el set principal con una mezcla de nostalgia, fuerza y reivindicación.
El encore fue inevitable: las luces se apagaron, el silencio previo fue interrumpido por gritos de ¡otra!… y llegaron “Miguel Gritar” y “Yendo a la casa de Damián”, broche de oro para una noche redonda, una velada que parecía diseñada para quedarse en la memoria.

No fue simplemente un concierto más: fue una demostración de vigencia, de conexión, de que la música del Cuarteto de Nos trasciende generaciones. Desde los que lo escucharon hace décadas hasta los que esta noche lo veían por primera vez, hubo un hilo común: emoción, canto, comunidad. Monterrey recibió no solo canciones, sino historias, crítica social, humor y complicidad. Y el público correspondió con creces.






