Redacción: Elena Aranda
Por última vez, Lupita D’Alessio se paró frente al público regio y les regaló una noche que quedará en la memoria colectiva. Fue en el Escenario GNP Seguros de Monterrey, el pasado 17 de octubre, donde la voz más feroz de la balada mexicana dijo “gracias” como sólo ella sabe hacerlo: cantando con el alma.
Y como en las mejores películas, el concierto tuvo una gran antesala: Ernesto D’Alessio, su hijo, abrió el show con una vibra romántica muy suya. Con un set lleno de nostalgia, se echó covers de leyendas como Joan Sebastián, Julio Iglesias y Napoleón, encendiendo la mecha de lo que sería una noche intensa.

La gente aplaudía, coreaba, y desde las gradas ya se sentía ese cosquilleo de estar presenciando algo único. Ernesto comenzó alrededor de las 9:20 p.m. y preparó el terreno con elegancia, emoción y cariño.
El rugido de una leyenda
Minutos después, las luces bajaron, el silencio se hizo ruido y entonces apareció ella: Lupita.

Vestida con elegancia, pero con ese fuego en la mirada que no se apaga ni con los años, arrancó con el tema “Cómo se llama”, abriendo paso a una noche cargada de clásicos.
Siguieron joyas como:
- “Lo siento mi amor”
- “Que ganas de no verte nunca más”
- “Mentiras”
- “Mudanzas”
- “La Leona Dormida”, claro, no podía faltar
Cada canción era coreada como si fuera la última vez, y tal vez lo fue: esta gira, llamada “Gracias / Tour del Adiós”, marca su retiro definitivo de los escenarios tras más de 50 años de trayectoria.
Momentos que tocaron el alma
La cantante se mostró emocionada, cercana, agradecida. En un momento especial, soltó:
“No podía dejarlos fuera de esta despedida Monterrey… ¡y más porque de aquí son mis nietos!”
Y más tarde, conmovida por la ovación del público:
“Gracias Monterrey, qué bonita despedida… y es que eso es lo bonito, que me pueda ir con el cariño de ustedes.”
Durante una hora y media, Lupita mantuvo a todos hipnotizados, entregando su corazón, su voz aún poderosa, y su legado. Fue una mezcla de lágrimas, gritos, risas y recuerdos.

Hasta siempre, Lupita
No fue un concierto más, fue una despedida. Una celebración a la carrera de una mujer que convirtió el desamor en arte, la furia en canto, y el escenario en su casa. Monterrey la despidió como se despide a las grandes: con aplausos, respeto y amor.
Y como dijo ella misma hace poco:
“Estoy sana, mi voz de 71 años está bien, pero quiero irme antes de caer en lo que no está padre.”






