Redacción: Pablo Rodríguez
La noche terminó, pero aún retumban los ecos de una velada inolvidable. A las 9:00 p.m. del 22 de octubre, el Auditorio Banamex ardía en expectativa cuando Kase.O apareció sobre el escenario, arrancando con fuerza y generando desde ese instante una atmósfera casi sagrada entre los asistentes.

Un encuentro intensamente regio
Monterrey no fue un punto más en la gira de 33 años: fue un ritual compartido. Cada vez que Kase.O hilaba un verso, las luces del recinto se volvían mar de manos alzadas, y cuando entonó “Yemen”, la voz del público se superpuso, como si el Auditorio fuese un solo organismo al unísono. La interacción rebasó lo habitual: él bajó al foso para sentir más de cerca esa energía, y el público lo abofeteaba con aplausos sostenidos y gritos de “¡otra!”.
Hubo momentos de silencio y reverencia también: cuando dijo —y casi susurró— “Hoy vuelvo a cantar como cuando tenía 18 años”, el recogimiento fue absoluto. Ninguna cámara ni teléfono molestó el instante. Fue íntimo y colectivo.

Exhumando rimas: del pasado al ahora
El concierto se estructuró en dos bloques bien definidos, como ha sido habitual en esta gira conmemorativa: primero, la senda de Violadores del Verso, repasando himnos como “Mazas y Catapultas”, “Vivir para contarlo” y “La batalla”, luego su etapa en solitario con cortes extraídos de El Círculo (e.g. “Repartiendo Arte”, “Rap Superdotado”) y temas posteriores.
La transición no fue abrupta, sino consciente: en un interludio instrumental jazz-rap, el público lo acompañó a través de palmas y murmullos, comprendiéndose como cómplices del viaje. Cuando arrancó “La última ronda” (tema reciente dentro de su catálogo conmemorativo), el estruendo fue total.

Voces que se cruzan
Al caer la noche avanzando el set, Kase.O se tomó un instante para expresar gratitud:
“Estar aquí con ustedes me confirma que lo que uno escribe no es solo para uno… es para sentirse acompañado”
También compartió un fragmento personal:
“Cuando compuse estos versos en Zaragoza, jamás imaginé que los cantaría en Monterrey con tanta intensidad”.
Son frases que, más allá de palabras, hicieron que cada persona en Banamex las asumiera como propias.

El público regio: protagonista absoluto
No hubo palco privilegiado ni distancia insalvable: el público, este “público regio”, se convirtió en protagonista del show. En los coros recordados, en los silencios compartidos, en los gestos sincronizados de quienes vivieron letras que llevan décadas tatuadas en su memoria. Él los alimentaba con rimas, ellos respondían con presencia, emoción y canto.
Al final, cuando los últimos aplausos se esfumaron, la ovación no cedía. Kase.O volvió para un par de bises —“Esto no para”, “Viejos Ciegos (remix)”— y al cerrar con “Rap Superdotado”, se despidió diciendo:
“Gracias Monterrey, hoy me llevaron en brazos con sus voces”.
Y en ese instante, el Banamex no fue recinto: fue comunidad.






