El pasado 26 de octubre Lara Campos ofreció una tarde-noche de pura alegría en la Arena Monterrey, donde miles de padres e hijos se reunieron para cantar, bailar y dejarse llevar por un universo hecho a la medida de los más pequeños. La cita, anunciada por la propia producción y puntos de venta, estuvo pensada como un gran show familiar que comenzó a media tarde y se extendió con momentos pensados para todos.
La arena se llenó de color: niñas y niños llegaron vestidos como la propia Lara o como los personajes de sus canciones —los llamativos atuendos inspirados en Rhenné— y hasta los papás se sumaron al ambiente con accesorios y playeras alusivas al show. En varios pasillos se veían grupos familiares practicando las coreografías antes de entrar; en el escenario, Lara y su equipo respondieron con energía y cariño.

El espectáculo combinó música, baile y sorpresas: se desplegaron gráficos gigantes de sus canciones, hubo pirotecnia en momentos clave, lluvia de papeles de colores y hasta pelotas gigantes que rodaron entre el público —recursos que transformaron el recinto en una verdadera fiesta interactiva para niños y niñas. Los asistentes corearon éxitos como “Rhenné”, “Todo tiene tambor” y “Mi perrita se llama Galleta”, y no dejaron de seguir las coreografías que el show propuso desde el primer segundo.

En el escenario Lara agradeció el cariño de su público y se mostró emocionada por el crecimiento de su comunidad: “Gracias por ese mágico amor”, dijo en un momento íntimo del concierto, frase con la que remitió a su vínculo con los seguidores de sus contenidos en YouTube y redes sociales. La artista estuvo acompañada por un cuerpo de bailarines que multiplicó la energía del show y por personajes entrañables —Galleta y Rhenné— que interactuaron con los pequeños durante varias canciones.

La puesta en escena fue cuidada y pensada en grande: desde cambios de vestuario hasta coreografías dirigidas a público infantil, la producción buscó que tanto niños como padres vivieran la experiencia de un concierto adaptado a familias. Para muchos asistentes esta presentación representó el primer gran concierto de Lara en la ciudad a escala arena, una noche que consolidó su conexión con el público regiomontano y que dejó sonrisas por montones.

Al salir, las manos pequeñas sostenían globos y recuerdos, las voces tarareaban los ritmos aprendidos y los padres compartían entre sí la emoción de haber vivido un espectáculo pensado para volver a creer en la magia de la infancia. Si estuviste ahí, seguramente te fuiste con residuos de confeti en la ropa… y con la certeza de que, por unas horas, la Arena Monterrey fue el lugar más feliz del mundo para los peques.






