Fotografo: Chuy Pedraza

Redacción: Arturo Roti

La noche del jueves 6 de noviembre quedará marcada en la memoria colectiva de los metaleros regiomontanos. Lamb of God eligió Monterrey para poner el punto final a su gira “Last Chance!”, y el resultado fue un estallido de adrenalina, sudor, energía desbordada y un recinto completamente abarrotado que respondió con la fiereza que caracteriza al público norteño.

 

Desde temprano comenzaron a llegar los seguidores, muchos de ellos enfundados en chamarras negras, parches, botas y camisetas de la banda. El ambiente era un termómetro perfecto: esa mezcla de expectación y nerviosismo que solo se siente cuando se avecina una noche grande. Y así fue.

 

A las 21:40, iniciaron las hostilidades. “Resurrection Man” detonó la primera explosión del público, que recibió el impacto con gritos, salto y un inmediato mosh pit que se abrió como un remolino en cuanto sonaron los primeros compases. De ahí pasaron directo a “Ditch”, y ya para ese momento el recinto era un hervidero de cuerpos chocando, gargantas desgarradas y cuernos al aire.

Fotografo: Chuy Pedraza

Randy Blythe, dueño de una presencia escénica feroz, volvió a demostrar que el tiempo parece no afectarlo: sus gritos suenan igual de potentes que hace dos décadas. Incluso se dio momentos para agradecer en español, conectando con la gente de una forma honesta. Les recordó que este era el último concierto de la gira, detalle que encendió aún más la intensidad del público.

 

El recorrido por su catálogo fue devastador: Ruin rugió con precisión quirúrgica.

Walk With Me in Hell hizo que el recinto se cimbrara como si las paredes vibraran con cada golpe de batería.

Now You’ve Got Something to Die For provocó uno de los coros colectivos más fuertes de la noche.

The Subtle Arts of Murder and Persuasion y A Devil in God’s Country mantuvieron la tensión en lo más alto.

Fotografo: Chuy Pedraza

La banda no bajó el paso. O.D.H.G.A.B.F.E., 11th Hour, Memento Mori y Sepsis fueron un segmento sólido, demoledor, que reafirmó por qué Lamb of God es una de las fuerzas más respetadas del metal moderno.

 

Uno de los momentos especiales fue su interpretación de “Children of the Grave”, clásico de Black Sabbath. Un guiño directo a la raíz de todo lo que hoy significa el metal, y una forma elegante de rendir tributo a quienes pavimentaron el camino.

 

El cierre del repertorio vino con dos himnos obligados: “Laid to Rest”, que levantó una ola de energía imparable, y “Redneck”, que terminó por reventar todo el recinto en un caos glorioso. Era el final perfecto para una gira que demandaba justo eso: una descarga final sin reservas.

Fotografo: Chuy Pedraza

Pero faltaba todavía un broche inesperado.

 

Mientras la banda se despedía, resonó con fuerza un clásico que nadie veía venir: “Tragos de amargo licor” de Ramón Ayala y sus Bravos del Norte. El efecto fue inmediato y contagioso: cientos de metaleros, aún sudados, agotados y felices, sacaron su lado más norteño para cantar este himno cantinero como si se tratara de un ritual colectivo. Una escena tan surrealista como auténtica, que dejó claro que en Monterrey el metal y la tradición pueden convivir sin fricciones.

 

Fue una noche redonda: emotiva, explosiva, intensa y con ese sello que solo tienen los conciertos que llegan al final de una gira. Lamb of God se despidió con fuerza, con oficio y con una entrega total que honró cada año de su carrera. El público, por su parte, respondió como solo Monterrey sabe hacerlo: sin frenos, sin filtros y con un corazón que late al ritmo del metal.

Fotografo: Chuy Pedraza

Una verdadera última oportunidad… y una que nadie que estuvo ahí olvidará.

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