Redacción: Sergio de la Rosa
12 de noviembre de 2025 – Estadio Banorte
Foo Fighters ofreció en Monterrey una de sus presentaciones más significativas de los últimos años, regresando a la ciudad en una fecha imposible de ignorar: exactamente cuatro años después de su concierto anterior en Monterrey, ocurrido también un 12 de noviembre, pero en 2021 en el festival Tecate Pa’l Norte. Esta coincidencia le dio al reencuentro un peso emocional especial, perceptible desde el instante en que las luces del Estadio Banorte se apagaron y la banda apareció en escena.
El show arrancó puntualmente a las 9:05 p.m., con los integrantes caminando hacia sus posiciones y Dave Grohl irrumpiendo corriendo, guitarra en mano, como si estuviera iniciando una noche que él mismo llevaba esperando tanto como el público. Apenas terminaron las primeras canciones, Grohl tomó el micrófono y soltó una frase que resonó mucho más profundo de lo que podría parecer:
“It’s been a long time… it’s nice to be back.”
Lo decía en serio. Monterrey lo sabía. Y ambos coincidían, sin mencionarlo directamente, en que este regreso ocurría el mismo día, cuatro años después del último encuentro.

La conexión creció rápidamente cuando Grohl preguntó quiénes ya habían visto antes a Foo Fighters y quiénes estaban ahí por primera vez. Las respuestas mezcladas crearon un ambiente cálido y compartido, reforzado minutos después cuando el vocalista presentó a cada uno de los integrantes de la banda. Cada músico ofreció un pequeño solo que sirvió para lucir su estilo, aunque uno de los momentos más divertidos llegó con el bajista Nate Mendel, quien entre risas admitió que él no era precisamente un músico “de hacer solos”, provocando risas en todo el estadio.
A lo largo de la noche, las canciones emblemáticas de Foo Fighters detonaron los momentos más poderosos. “My Hero”, “The Pretender”, “Best of You” y otros himnos convirtieron al Estadio Banorte en un coro masivo. Miles de voces gritaron cada verso, algo que el propio Grohl celebró con humor al decir que a él le gusta cantar gritando… y que esperaba exactamente lo mismo del público. La respuesta fue una demostración contundente de entrega total.

Un factor que contribuyó a la experiencia fue el sorprendente desempeño del audio. A pesar de que en ocasiones anteriores el Estadio Banorte había tenido problemas de acústica, esta vez el sonido se mantuvo claro, potente y bien balanceado, un punto que incluso varios asistentes comentaron al salir. El público, por su parte, mantuvo un comportamiento ejemplar, aunque en algunos momentos la intensidad empezaba a bajar de forma natural. Grohl reaccionaba con rapidez: improvisaba comentarios, alentaba a la multitud o simplemente interactuaba lo suficiente para volver a encender el ambiente. Esa capacidad de lectura del público sostuvo la energía del concierto sin dejar que decayera.

Cuando llegaron los acordes de “Everlong”, todos sabían lo que significaba: el cierre tradicional, el último desahogo colectivo antes de despedirse. Lejos de restarle emoción, esa anticipación hizo que la canción se viviera con una intensidad especial. El estadio entero cantó al unísono mientras Grohl y la banda ejecutaban uno de los finales más consistentes y emotivos de su repertorio. Al terminar, los integrantes se reunieron en el centro del escenario para un abrazo y, mientras ellos se retiraban, Dave recorrió de lado a lado la pasarela, saludando con calma, agradeciendo y absorbiendo los aplausos como si quisiera estirar unos segundos más ese reencuentro marcado por el calendario.

Foo Fighters no solo volvió a Monterrey: lo hizo con un concierto contundente, bien ejecutado y profundamente simbólico. A veces, el destino acomoda las fechas con precisión. Y esta vez, esa coincidencia convirtió una gran noche de rock en un recuerdo imborrable.






