Redacción: Abraham Chávez
La noche de ayer Viernes 28 de noviembre , Pierce the Veil tomó por asalto el escenario del Showcenter Complex para ofrecer una noche inolvidable como parte de su gira I Can’t Hear You World Tour. La atmósfera ya vibraba desde antes de las 8:00 p.m., con la energía y el rock industrial de la banda abridora Health, calentando motores y preparando al público para lo que vendría.
La banda originaria de San Diego, California, subió al escenario arrancando con fuerza gracias a “Death of an Executioner”, un arranque intenso que puso de inmediato al público en modo euforia. Le siguieron clásicos como “Bulls in the Bronx” y “Pass the Nirvana”, canciones que fusionan riffs vigorosos con letras cargadas de emoción y con las que la audiencia regia coreó con fuerza.

El show navegó entre la nostalgia y la novedad: “I’m Low on Gas and You Need a Jacket” y “I’d Rather Die Than Be Famous” recordaron viejas épocas, mientras que “Floral & Fading” y “Yeah Boy and Doll Face” aportaron matices más íntimos y melódicos. En algunos momentos se colaron fragmentos raramente escuchados, como la versión de “Where Is My Mind?” (cover de Pixies) que, aunque breve, sorprendió gratamente a los fans más atentos.
La intensidad emocional subió con cortes como “Emergency Contact” y “Circles”, que evidencian la evolución de la banda hacia territorios más maduros y melancólicos. Todo ello desembocó en un encore explosivo, donde “Hold On Till May” y “King for a Day” cerraron la noche con estruendo, lágrimas y gritos compartidos: un final perfecto para una noche euforica.

Vic Fuentes y compañía ofrecieron una velada de altísima intensidad: guitarras potentes, un público entregado, y la sensación de que la banda está en un momento creativo pleno. Ese recorrido por distintas etapas de su discografía, desde los himnos más duros hasta los momentos más emotivos, dejó claro por qué Pierce the Veil sigue siendo referente del post-hardcore. Para quienes asistieron, la noche del 28 de noviembre quedará como un recuerdo imborrable; una prueba de que, con talento y pasión, la música en vivo sigue teniendo el poder de unir, conmover y liberar.







