Fotógrafo: Pablo Rodríguez

La noche del 7 de febrero no fue una más en Monterrey. Fue la noche en la que Humbe dejó de soñar su primera Arena… y empezó a vivirla. La Arena Monterrey se pintó de nubes, arcoíris y sentimientos cuando sus fans regios lograron lo impensable: sold out, filas desde temprano y gargantas listas para cantar con el corazón.

Desde horas antes, el público llegó dispuesto a estar hasta mero enfrente del escenario, porque no se trataba solo de ver un concierto, se trataba de acompañar a uno de los suyos a cumplir un sueño.

A las 9:09 en punto, tras un breve intro, el silencio se rompió con los gritos cuando apareció Humberto Rodríguez Terrazas, mejor conocido como Humbe, acompañado de bailarines y abriendo con “Astro”, provocando una explosión de euforia. Pero el fuego apenas comenzaba: con “El Poeta”, la coreografía elevó la temperatura del recinto y dejó claro que esta no sería una noche cualquiera.

Fotógrafo: Pablo Rodríguez

El show avanzó dividido en bloques que mezclaban música, visuales y relatos que conectaban directo con el alma del público. Temas como:

Kintsugi, Origami, Vetiver y Amaretto, Tinto de Verano, Hera, San Valentín y Harry Stamper marcaron la primera parte del viaje emocional, mientras en las pantallas se contaban historias que más de uno sintió propias.

Uno de los momentos más especiales llegó cuando Humbe notó una propuesta de matrimonio entre el público antes de cantar “Carrusel”. Detuvo todo para felicitar a la pareja y compartir con la Arena que ella había dicho que sí, provocando aplausos, gritos y lágrimas colectivas.

La producción giró completamente alrededor del concepto del cielo: nubes flotando, arcoíris, auroras boreales, luces LED y láseres que envolvían cada canción con una atmósfera mágica.

“La siguiente es una canción que le escribí a mis hermanos”, dijo antes de interpretar “Nirvana”, mientras el público respondía con un coro que no se cansó de gritar durante la noche:
“¡Sí se pudo, sí se pudo!”, celebrando que Humbe estaba logrando su primera Arena en casa.

El recorrido siguió con Sábanas, Murallas, y antes de “Mamá” pidió: “Si se saben esta canción, cántenla conmigo, por favor”, logrando uno de los momentos más íntimos del concierto.

Después vinieron joyas como:

TSQ, 9071km, Mi 100, 1960, Novatos, Esencia y Armageddon, antes de que Humbe soltara una frase que estremeció a todos:
“Gracias Monterrey, esta es mi casa.”

Fotógrafo: Pablo Rodríguez

La recta final fue una avalancha emocional con Dueño del Cielo, 10 Noches Nada Más, Fénix, Amor de Cine, Vegas, Bien Hecho, Magia Oscura, Tu Valor, Fantasmas, Morfina y Ashwagandha.

Ahí quedó claro algo:
Humbe no solo es Dueño del Cielo… ahora también es dueño absoluto de la Arena Monterrey.

No fuimos solo a escuchar. Fuimos a sentir, a cantar y a volar. La Arena se convirtió en su mundo y el público en un solo coro que no soltó ninguna letra. Aquí no hubo espectadores, hubo cómplices.

Con más de 43 canciones y casi tres horas de show, Humbe se despidió agradeciendo:
“Gracias por cantar y disfrutar mis canciones, gracias por sentirlas”.

Y así terminó una noche que no solo se escuchó…
se vivió.

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