Fotógrafa : Julieta Guevara

Redacción: Julieta Guevara

Desde Rosario hasta Monterrey, la fiesta noventera volvió a encenderse con la llegada de Vilma Palma e Vampiros. La agrupación argentina regresó a tierras regias después de cuatro años de ausencia para reencontrarse con su público en el escenario del GNP Seguros, en una noche cargada de nostalgia, energía y celebración.

Pocos minutos después de las 9 de la noche, sin demasiados preámbulos y fieles a su estilo directo, los músicos comenzaron a ocupar sus lugares. Los gritos y los aplausos no se hicieron esperar. Primero los instrumentos marcaron presencia, luego las coristas —Karina Di Lorenzo y Fabiana Díaz— y finalmente, como el último golpe de emoción necesario, apareció Mario “Pájaro” Gómez. Bastó su silueta sobre el escenario para que el recinto vibrara.

La banda no dio tregua. En las primeras cinco canciones ya habían desfilado varios de los himnos que marcaron a toda una generación: “Mojada”, “Bye Bye” y “Travestis” hicieron que el público viajara en el tiempo sin escalas.

Fotógrafa : Julieta Guevara

Con “Bye Bye” la respuesta fue inmediata. Monterrey se remontó a 1991, cuando aquella canción formó parte del álbum debut La Pachanga. El tema no solo encendió la euforia, sino que se convirtió en símbolo de la celebración por el 36 aniversario de la banda, motivo central de la gira.

Con “Mojada” nadie permaneció sentado. La gente se puso de pie y así continuó con “Travestis”, ambas incluidas en el álbum 3980, de 1993. El ambiente era el de una auténtica fiesta noventera, donde cada acorde era coreado con la misma intensidad que hace tres décadas.

“Buenas noches Monterrey”, dijo Mario, vestido con sencillez: jeans y playera negra.

La agrupación venía de presentarse un día antes en la Ciudad de México, y el vocalista no dudó en compartirlo con honestidad: habían dormido muy poco, pero estaban profundamente agradecidos de estar nuevamente frente al público regio.

La noche siguió su curso con una lista de canciones que parecían diseñadas para el recuerdo y el romance: “Verano Traidor”, “Te quiero Tanto”, “Me vuelvo loco por vos”, “Un camino hacia vos” y “Voy a vos”. Decenas de parejas se abrazaban, cantaban y bailaban como si el tiempo no hubiera pasado. Padres e hijos compartían los coros, generaciones distintas unidas por las mismas melodías.

Fotógrafa : Julieta Guevara

A mitad del show, Mario anunció una pausa de los grandes clásicos para dar espacio a temas más recientes. Presentaron “Me Siento Loco”, sencillo de 2024 que ya suma medio millón de vistas en YouTube, demostrando que la banda no vive únicamente de la nostalgia, sino que sigue creando y conectando con nuevas audiencias.

Fue en ese bloque cuando Mario insistió en algo que repetiría en varias ocasiones durante la noche: quería ver a Monterrey de pie.

“Anímense, esperaba más Monterrey. Párense de su asientos, vamos a pasarla bien. Nosostros no hemos dormido estuvimos en el DF y ahora acá”, dijo.

Su llamado fue directo, sin filtros, con ese tono entre broma y reclamo cariñoso que caracteriza al “Pájaro”. Y poco a poco, el público respondió.

Uno de los momentos más vibrantes llegó con “Auto Rojo”. Primero, a capela, Mario dejó que el coro flotara en el aire. Después, el sonido de las congas marcó el arranque oficial de la canción, la tercera más escuchada de la banda en plataformas digitales. El tema ha encontrado nueva vida entre adolescentes y jóvenes gracias a su viralización en TikTok durante 2024. En el público se notaba: chicos que quizá no habían nacido en los noventa cantaban con la misma pasión que quienes crecieron con el casete en mano.

“Fondo Profundo” terminó de convertir el recinto en una pista de baile colectiva. No había distinciones de edad ni de época; solo cuerpos moviéndose al ritmo de una banda que se niega a dejar de sonar.

Con el final acercándose, Mario tomó un momento para agradecer y reflexionar:

“Ojalá que no pase tanto tiempo para volver para volver acá a Monterrey. Pasaron muchos años y nosotros nunca dejamos de cantar”, dijo.

La frase quedó suspendida entre aplausos, como una promesa compartida.

Entonces llegó el intro de “La Pachanga”. El simple arranque bastó para desatar un grito unánime. Antes de cerrar, Mario presentó a cada integrante:

“Pablo en la guitarra, Lucho en la percusión, Martín Cura, teclados, Karina en coros, Karina en coros, Fabiana en coros, Fabiana en coros, el oveja en batería, Lauro en el bajo”, dijo Mario para solicitar los aplausos del público para cada uno de los integrantes.

Aunque todos fueron ovacionados, las mayores muestras de cariño se las llevaron Karina y Fabiana. Y no es casualidad. Los coros son el sello distintivo de Vilma Palma e Vampiros. Sin esas voces que envuelven cada estribillo, las canciones no tendrían la misma fuerza ni, probablemente, el mismo destino histórico.

Un ejemplo claro se vivió en “La Pachanga”, cuando ambas bajaron de su sitio, se adueñaron del escenario y fueron aclamadas como protagonistas absolutas.

La noche concluyó casi a las 11. Fueron dos horas intensas, suficientes para confirmar que el tiempo puede avanzar, pero las canciones permanecen. Monterrey volvió a cantar los himnos de una de las bandas imprescindibles del rock en español. Y mientras las luces se encendían y el público comenzaba a retirarse, quedaba la certeza de que, cuando Vilma Palma e Vampiros regresen, la ciudad volverá a estar lista para la fiesta.

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