Redacción: Gabriela Alvarado

El norte tiene ritmo, identidad… y una forma muy suya de celebrar la vida. Eso quedó más que claro este 11 de abril en la Expo Guadalupe, donde el Nortex 2026 no fue solo un festival, sino una experiencia completa para quienes llevan el acordeón en el alma y el zapateado en la sangre.

Desde temprano, el ambiente ya marcaba la pauta. Parejas coordinando outfits, filas para personalizar sombreros y cintos, un beauty bar listo para el glow up norteño y hasta toro mecánico para calentar motores. No era cualquier evento: era una cita con las raíces, con ese espíritu de baile de antaño… pero con el toque fresco de la nueva generación regia.

El arranque: norteño que enciende y conecta generaciones

La música comenzó con Los Apostadores, quienes no tardaron en prender el ambiente con covers coreados y su tema “Estás confundida”. Desde ahí se entendió que la noche no iba a dar tregua.

El sentimiento subió de nivel con Los Cadetes de Linares. Clásicos como “No hay novedad” y “Un viejo amor”desataron el despecho colectivo. Porque sí, en el norte también se llora… pero cantando y con estilo.

 Cumbia y sentimiento: la pista se abre para todos

El mood cambió —pero nunca bajó— con Conjunto Oro, quienes lograron ese equilibrio perfecto entre nostalgia y ritmo, haciendo que nadie se quedara sentado.

Después, Los Reyes del Camino tomaron el escenario con una presentación cargada de emoción. A pesar de los retos de salud de su vocalista, la entrega fue total, demostrando que el norteño no solo se toca… se siente desde el corazón.

 Texano power: cuando el acordeón manda

Con el cielo nublado y el ambiente en su punto, apareció David Lee Garza para transformar la explanada en una pista de baile. Vueltas, giros y pasos bien marcados: el texano hizo lo suyo y la raza respondió como se debe.

Pero la noche tenía un giro inesperado. La lluvia llegó justo durante la presentación de Leandro Ríos. Lejos de apagar el ánimo, lo elevó. “El Penco” regresó con más fuerza, bajó del escenario, convivió con el público y convirtió el momento en uno de los más auténticos de la noche con temas como “Debajo del sombrero”, “Y cómo es él” y “Chipón chipón”.

Nostalgia pura: los himnos que nunca fallan

El viaje a las raíces continuó con Los Invasores de Nuevo León, quienes transportaron al público a otra época con “Laurita Garza”, “Playa sola” y “Aguanta corazón”.

La pista volvió a encenderse con el estilo inconfundible de Albert Zamora, quien puso a bailar a todos con clásicos como “Chiquilla cariñosa” y “Tu cárcel”.

El clímax: Intocable y el despecho colectivo

Cuando parecía que la noche no podía dar más, apareció Intocable. Y entonces sí… el festival alcanzó su punto más alto.

Canciones como “Fuerte no soy”, “Amor maldito”, “Soñador eterno” y “Eres mi droga” se convirtieron en un coro masivo. No importaba la edad: todos estaban conectados por la misma emoción.

El cierre: extravagancia, sorpresa y un toque inesperado

El encargado de cerrar la noche fue David Olivares, quien llevó el espectáculo a otro nivel. Fiel a su estilo, sorprendió al incluir mariachi en su presentación, rompiendo esquemas y demostrando que en el Nortex… todo puede pasar.

Temas como “Inocente pobre amiga”, “Y te lo pido” y “El soñador” fueron coreados con fuerza, dejando ese sentimiento de “no te vayas todavía”.

 Más que un festival: una identidad que se celebra

Entre lluvia, botas llenas de lodo, sombreros firmes y gargantas cansadas de tanto cantar, el Nortex 2026 se consolidó como algo más que un evento musical.

Fue un recordatorio de que en Monterrey y sus alrededores, la música no es solo entretenimiento: es identidad, tradición y una forma de vida.

Aquí se baila aunque llueva.
Se canta aunque duela.
Y se celebra como solo el norte sabe hacerlo.

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