Redacción: Julieta Guevara

Minutos después de las 9 de la noche, el recinto comenzó a oscurecerse lentamente. El murmullo colectivo se transformó en expectativa y las luces bajas anunciaron la entrada de cada uno de los integrantes de Fobia. Monterrey fue elegida como una de las primeras fechas de la gira con la que celebran 40 años de trayectoria, apenas después de Guadalajara, y la respuesta fue inmediata: lleno total en el Escenario GNP Seguros .

La noche reunió generaciones enteras. Estaban quienes descubrieron a la banda en los noventa y también jóvenes que heredaron las canciones de sus padres. La nostalgia noventera se mezcló con la emoción intacta de escuchar, décadas después, los temas que marcaron distintas etapas de la vida de miles de seguidores.

La pantalla principal simplemente decía “Fobia”. La tarima también llevaba el nombre de la agrupación, como una declaración de identidad y permanencia. Bastó que apareciera el primer integrante para que el público estallara en aplausos y gritos. Uno a uno salieron al escenario Leonardo de Lozanne, Francisco “Paco” Huidobro, Javier “Cha” Ramírez, Iñaki Vázquez y Elohim Corona, recibidos como viejos amigos que regresaban a casa.

“La razón por la cual estamos arrancando la gira en ciudades importantes como lo es Monterrey es porque aquí nacieron los primeros fans de Fobia, los primeros clubes de fans que, hasta el día de hoy, siguen existiendo muchos de ellos y estas primeras canciones que empezaron a agarrar fans, que empezaron a conectar con ustedes. Por eso vinimos a hacerles una curaduría especial para Monterrey esta noche”, dijo Leonardo de Lozanne al inicio del concierto, provocando una ovación que confirmó el vínculo histórico entre la banda y el público regiomontano.

La noche arrancó con fuerza gracias a “Veneno Vil”, “No Eres Yo” y “Plástico”, tres canciones que dejaron claro desde el principio que el recorrido musical sería un viaje completo por la historia del grupo. El setlist pareció diseñado para quienes han acompañado a Fobia desde siempre. No hubo reclamos ni ausencias. Al menos una canción de cada álbum encontró espacio en el espectáculo.

Temas como “Muy Nostalgia de Mi Parte”, “Camino Hacia el Cosmos”, “Hipnotízame” y “Corazón en Caracol” se sintieron especialmente emotivos. Eran canciones coreadas con fuerza, pero también con cariño, de esas que el fandom guarda como tesoros personales y que sobreviven al paso del tiempo porque están ligadas a recuerdos, personas y etapas de vida.

Más adelante llegó “Fiebre”, perteneciente al álbum Leche de 1993, disco que Leonardo reconoció como uno de los más queridos por el público regiomontano. La reacción fue inmediata: celulares arriba, gritos y una energía que parecía devolver a muchos a los años en que escuchaban esas canciones en casetes, discos compactos o estaciones de radio.

Los clásicos nunca dejaron de aparecer. “No Soy un Buen Perdedor” hizo cantar a todo el recinto, mientras que canciones como “Dos Corazones”.

Sobre el escenario, los cinco integrantes demostraron por qué la banda sigue conectando con el público después de cuatro décadas. Cada uno parecía completamente inmerso en su música, en su instrumento y en la felicidad de compartir nuevamente esas canciones en vivo. Leonardo de Lozanne dominaba el escenario con movimientos elegantes y una presencia magnética, vestido con traje negro y camiseta blanca. Paco Huidobro, sereno como siempre, destacó con su guitarra neón y algunos coros discretos. Cha permanecía en uno de los costados, desplazándose constantemente y acercándose una y otra vez al baterista Elohim Corona, quien manejó las percusiones con precisión y una sonrisa permanente. Iñaki Vázquez, firme detrás de los teclados, mantuvo su ya clásica imagen acompañado de sus conocidos pollos amarillos.

La conexión entre ellos y el público se sintió genuina, como si el tiempo no hubiera pasado desde 1986.

La banda salió del escenario en dos ocasiones, pero las luces y los gritos del público los obligaron a regresar. Nadie quería que terminara la noche.

Finalmente, las cuatro canciones más queridas y grabadas en la memoria colectiva fueron las encargadas de cerrar el concierto: “Vivo”, “Revolución Sin Manos”, “El Diablo” y “Microbito”. Fue precisamente durante esta última cuando algunos fans de las primeras filas lograron subir al escenario, convirtiendo el cierre en una postal perfecta de celebración, nostalgia y cercanía.

Monterrey no solo recibió a Fobia; también fue testigo de cómo una banda puede atravesar generaciones sin perder identidad. Cuatro décadas después, las canciones siguen encontrando nuevos corazones, mientras los primeros fans continúan ahí, cantando como si fuera la primera vez.

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