Monterrey se vistió de blanco, negro y encaje para recibir a Rosalía.

Desde horas antes de que las luces de la Arena Monterrey se apagaran, los alrededores del recinto ya anunciaban que aquella noche tendría una estética muy particular. Transparencias, encajes, prendas blancas, looks completamente negros y outfits cuidadosamente pensados fueron parte del desfile de los fans que llegaron para encontrarse con la española.

Porque a Rosalía no se viene solamente con boleto.

A Rosalía se viene producido.

La noche del 19 de agosto de 2026, la Arena Monterrey fue escenario de una de las fechas mexicanas del LUX Tour, una propuesta que mezcla música, teatralidad, coreografías, elementos orquestales y una fuerte narrativa visual. El repertorio del espectáculo recorre canciones de LUX y también recupera temas que ya forman parte de la historia de la artista.

Y cuando finalmente las luces se apagaron, la espera terminó.

“Sexo, Violencia y Llantas” encendió la Arena Monterrey

Rosalía apareció en el escenario y los primeros acordes de “Sexo, Violencia y Llantas” provocaron la primera gran explosión de la noche.

El tema abrió el espectáculo y dio paso a una experiencia que, más que seguir una estructura convencional de concierto, está dividida en diferentes actos. Después llegaron canciones como “Reliquia”, “Porcelana”, “Divinize” y “Mio Cristo Piange Diamanti”, esta última convertida en uno de los primeros momentos de mayor intensidad vocal.

Pero antes de continuar con la noche, Rosalía tuvo unas palabras para Monterrey.

“Buenas noches a todos, ¿qué tal estamos? Bienvenidos a LUX Tour”, expresó ante una Arena completamente entregada.

La cantante recordó que por la mañana había pensado en su anterior visita a la ciudad, cuando llegó con el Motomami Tour en 2022.

“¿Se acuerdan? Gracias por estar ahí y que hoy esté también aquí, y los que están aquí por primera vez también, muchas gracias.”

Después llegó una frase que resumió la conexión que buscaba recuperar con el público:

“Hace cuatro años fue mágico y espero que esta noche sea igual.”

Y Monterrey respondió.

“Mio Cristo Piange Diamanti”: el momento que estremeció a la Arena

Si algo dejó claro Rosalía durante la noche fue que su voz sigue siendo uno de los grandes protagonistas del espectáculo.

Con “Mio Cristo Piange Diamanti”, la cantante llevó el concierto hacia un terreno mucho más íntimo y dramático. Su interpretación se convirtió en uno de esos momentos en los que el ruido de una arena llena parece desaparecer y solamente queda la voz de la artista.

La interpretación estuvo cargada de sentimiento y terminó provocando una reacción especialmente emotiva entre el público.

Fue uno de esos momentos en los que Rosalía no necesitó grandes movimientos ni una explosión de luces.

Solamente voz, sentimiento y lágrimas.

De “Berghain” a “SAOKO”: la noche cambió de piel

Después de esa primera parte cargada de emoción, el espectáculo comenzó a transformarse.

“Berghain” dio paso a una etapa mucho más electrónica y experimental, seguida por “SAOKO”, “LA FAMA”, “LA COMBI VERSACE” y “De Madrugá”. Esta estructura forma parte de la narrativa habitual del LUX Tour, que lleva al público por diferentes actos y contrastes musicales.

Y ahí apareció una de las Rosalías que el público ya conoce perfectamente: la que puede pasar de una interpretación casi operística a una canción que convierte una arena completa en pista de baile.

El confesionario: Rivers llegó con el corazón roto

Uno de los momentos más esperados del LUX Tour llegó con “La Perla”, cuando el escenario se convirtió en una especie de confesionario.

En Monterrey, la invitada fue Rivers, quien se sentó frente a Rosalía para compartir una historia personal que rápidamente conectó con el público.

La influencer confesó que durante su adolescencia le rompieron el corazón.

Contó que había comprado boletos para un festival de música con el chico con el que salía, pero él le dijo que no podría acompañarla debido a un compromiso familiar.

Ella decidió ir de todos modos con una amiga.

Y ahí vino el giro de la historia:

se encontró al susodicho en el festival… pero acompañado de otra persona.

La Arena reaccionó entre risas, sorpresa y esa sensación universal de haber escuchado una historia que podría haberle pasado a cualquiera.

Porque si algo tiene el confesionario de Rosalía es precisamente eso: convertir las historias de los demás en parte del espectáculo.

“Monterrey, ¿sigues conmigo?”

La pregunta llegó en medio de la noche y la respuesta fue inmediata.

“Monterrey, ¿sigues conmigo?”

La Arena respondió con gritos.

Y Rosalía continuó con una de las partes más particulares del concierto.

Después de “La Perla”, la artista se mostró especialmente relajada y hasta se permitió brindar con el público.

La española tomó shots de tequila junto a su pianista, provocando una de las reacciones más celebradas de la noche.

Porque si algo quedó claro fue que la conexión con Monterrey no solamente pasó por la música.

También hubo tequila.

Max, de Matamoros, llevó otra historia al confesionario

Pero la noche todavía guardaba otra confesión.

Un fan identificado como Max, originario de Matamoros, tuvo su momento frente a Rosalía y compartió una historia familiar mucho más complicada.

Contó que llegó a demandar a su padre después de descubrir que le había sido infiel a su madre, una situación que él mismo presenció.

La confesión dejó un tono completamente diferente al vivido minutos antes con Rivers.

Rosalía tomó entonces esa historia y decidió dedicarle “Sauvignon Blanc”.

Una canción que, en ese momento, dejó de ser solamente parte del repertorio para convertirse en una especie de respuesta musical a la historia que acababa de escuchar.

Y así, el confesionario volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los segmentos más particulares del LUX Tour.

Del flamenco a “La Rumba del Perdón”

Rosalía tampoco dejó de lado una de las raíces que han acompañado su carrera desde el comienzo.

En uno de los momentos de la noche explicó:

“De donde vengo está el flamenco y de ahí se desprende la rumba.”

Y entonces presentó “La Rumba del Perdón”, una canción que llevó nuevamente el espectáculo hacia sus raíces y permitió que el público disfrutara de una Rosalía profundamente conectada con el flamenco.

El tema forma parte de uno de los actos del LUX Tour y se mantiene como uno de los momentos donde la artista conecta su nueva etapa con esa raíz musical que ha sido fundamental en su trayectoria.

“Así que para todos aquellos amantes del flamenco les dejo ‘La Rumba del Perdón’.”

Y Monterrey escuchó.

La fiesta llegó con “BIZCOCHITO” y “DESPECHÁ”

Después de tanta emoción, confesiones y momentos íntimos, Rosalía volvió a subir la energía.

“BIZCOCHITO” y “DESPECHÁ” llevaron nuevamente a la Arena Monterrey al terreno de la fiesta, con miles de personas cantando y bailando.

La parte final del espectáculo retomó la energía característica de la etapa más explosiva de la artista, antes de cerrar el recorrido de LUX con sus últimos temas. El repertorio del tour ha mantenido estas canciones como parte de uno de sus actos finales.

Y así, entre luces, coreografías, música, tequila y gritos, la noche comenzó a llegar a su final.

“Gracias Monterrey”

Pero antes de despedirse, Rosalía volvió a mirar al público regiomontano.

Entre la multitud destacaban los globos y los detalles preparados especialmente para recibirla.

La cantante reaccionó emocionada:

“Gracias Monterrey, qué bonitos globos, qué gran sorpresa, gracias por recibirnos así.”

Una frase sencilla, pero que resumió buena parte de lo que ocurrió aquella noche.

Porque el espectáculo fue enorme, sí.

Pero entre la producción, la orquesta, los cambios de vestuario y las coreografías también hubo espacio para algo mucho más humano: recordar una visita de hace cuatro años, escuchar las historias de desconocidos, brindar con tequila y agradecerle a una ciudad por volver a abrirle las puertas.

Rosalía y Monterrey: cuatro años después

En 2022, Rosalía llegó a Monterrey con el Motomami Tour.

Cuatro años después, regresó con LUX.

Y aunque la artista ya no es exactamente la misma, la conexión con el público permanece.

Ahora su propuesta mira hacia otros lugares: más teatral, más orquestal, más espiritual y con una narrativa mucho más marcada.

Pero debajo de todas esas capas continúa estando la misma Rosalía que puede cantar flamenco, experimentar con electrónica, convertir un confesionario en espectáculo y terminar tomando tequila con su pianista.

La Arena Monterrey fue testigo de todo eso.

Y quizá por eso, cuando la noche llegó a su final, la sensación no fue simplemente la de haber asistido a un concierto.

Fue la de haber formado parte de una historia.

Una historia de música, confesiones, recuerdos, tequila y mucha emoción.

Y sí, Monterrey volvió a responderle.

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