Redacción: Arturo Roti

La Arena Monterrey se convirtió la noche del jueves en una auténtica pista de baile para celebrar la música de Michael Jackson. Desde mucho antes de que comenzara This IsMichael, el ambiente ya tenía algo distinto: por los pasillos y las inmediaciones del recinto aparecieron fans vestidos como el Rey del Pop, algunos con atuendos inspirados en sus diferentes épocas y varios imitadores que aprovecharon el encuentro para mostrar sus propios pasos. Y entre toda esa multitud también había muchos niños que llegaron caracterizados como Michael y que, una vez dentro, demostraron que el moonwalk no tiene edad.

Con un lleno en el recinto, las luces se apagaron alrededor de las 9:15 de la noche y la primera descarga llegó con “Jam”, dejando claro desde el principio que aquella sería una noche para cantar, bailar y recordar. Lenny Jay apareció con la actitud, los movimientos y una semejanza física realmente notable con Jackson, pero fue la voz la que terminó de cerrar el círculo. Su timbre y la manera de frasear las canciones hicieron que por momentos la sensación fuera la de estar viendo una recreación de aquellos conciertos que Michael convirtió en acontecimientos mundiales.  Al termino del primer tema Jay presentó a Don Boyette, bajista que también formó parte de las giras de Michael Jackson, recibiendo una fuerte ovación.

Después llegaron “They Don’t Care About Us” y “Wanna Be Startin’ Somethin’”, con los bailarines acompañando cada movimiento y una producción que fue jugando también con los diferentes cambios de vestuario. El espectáculo está construido precisamente alrededor de esa transformación constante de Michael: una canción puede llevarnos a una época y la siguiente transportarnos a otra, siempre con el vestuario, las coreografías y la actitud correspondientes. La producción ha recorrido numerosos países y supera las 20 canciones en su formato de más de dos horas.

Entonces llegó uno de esos momentos que hacen diferente a This Is Michael. Para “Don’t Stop ‘Til You Get Enough” apareció en escena Jennifer Batten, la legendaria guitarrista que acompañó a Michael Jackson durante las giras Bad, Dangerous y HIStory. Tenerla ahí, tocando las canciones que alguna vez interpretó junto al propio Michael, le dio al espectáculo una conexión muy particular con la historia original.

Y mientras la guitarra de Batten hacía lo suyo, el escenario comenzó a convertirse en una pequeña máquina del tiempo. Llegó el medley de Jackson 5, con los bailarines llevando el espectáculo hasta los primeros años de Michael, para después pasar a “Human Nature” y “You Are Not Alone”, dos momentos en los que Lenny bajó un poco la intensidad y permitió que la parte vocal tomara el protagonismo.

Pero hubo una voz que también llamó poderosamente la atención. En “Who’s Loving You”, la corista se llevó uno de los grandes momentos de la noche con una interpretación llena de fuerza, cambios vocales y notas altas.

Y entonces llegó “Smooth Criminal”, y ahí la Arena Monterrey prácticamente perdió la compostura. La gente comenzó a bailar por todas partes. En los asientos, en los pasillos y especialmente entre los más pequeños, que parecían haber llegado con la misión de demostrar que habían hecho la tarea. Algunos seguían las coreografías, otros intentaban sus propios pasos y varios simplemente se dejaron llevar por una música que, aunque fue creada hace décadas, aquella noche sonaba completamente vigente.

Después fueron cayendo “Working Day and Night”, “The Way You Make Me Feel”, “Bad” y “Black or White”, y la Arena volvió a convertirse en una enorme pista de baile. Cada canción traía consigo una imagen distinta de Michael y Lenny Jay iba cambiando de vestuario y de actitud para acompañar cada etapa. El espectáculo precisamente apuesta por esa combinación de música en vivo, bailarines, vestuario y coreografías para recrear la experiencia de los conciertos de Jackson.

“Blood on the Dance Floor” mantuvo la energía arriba, mientras “Dirty Diana” volvió a poner las guitarras en primer plano. Después llegó “We Are the World”, otro momento en el que la corista volvió a tomar una parte importante de los reflectores, antes de que “Earth Song” cambiara nuevamente el estado de ánimo y le diera al público uno de los momentos más emotivos de la noche.

Pero todavía faltaba lo mejor. Cuando comenzaron los primeros sonidos de “Thriller”, la Arena Monterrey volvió a explotar. Era uno de esos momentos que prácticamente no necesitaban presentación. La canción apareció acompañada por toda la parafernalia que la ha convertido en una pieza fundamental de la cultura pop y el público respondió de inmediato. Los gritos, los celulares arriba y los niños intentando repetir los movimientos de Michael hicieron evidente que varias generaciones estaban compartiendo exactamente el mismo momento.

Y entonces llegó “Billie Jean”. Aquí Lenny Jay se adueñó completamente del escenario. El famoso paso hacia atrás apareció en escena y el moonwalk provocó una nueva reacción de la Arena. Para quienes crecieron viendo a Michael hacerlo en televisión y para los niños que probablemente lo descubrieron mucho después en internet, aquel instante funcionó igual: todos sabían lo que estaban viendo y todos esperaban ese movimiento.

Después llegó “Man in the Mirror”, y la atmósfera cambió. Después de tanta explosión, baile y celebración, la canción permitió bajar un poco las revoluciones y mirar el espectáculo desde otro lugar. La letra, el mensaje y la interpretación de Lenny hicieron que la Arena pasara de la fiesta a un momento mucho más emotivo. Fue como tomar aire antes del último golpe.

Porque todavía faltaba “Beat It”. Y ahí sí, se acabaron las contemplaciones. La guitarra volvió a mandar, los bailarines se lanzaron nuevamente a la acción y el público respondió como si el concierto apenas estuviera comenzando. Los que habían permanecido sentados terminaron poniéndose de pie y los que ya llevaban dos horas bailando encontraron fuerzas para una última ronda. “Beat It” fue el gran golpe final de energía, una de esas canciones que parecen diseñadas para cerrar un concierto a lo grande.

Después de semejante recorrido. Quedaba la sensación curiosa que dejan los buenos homenajes: durante un par de horas todos habían aceptado el juego de imaginar que Michael Jackson estaba nuevamente sobre un escenario, con sus canciones, sus pasos, sus vestuarios y esa manera tan particular de convertir un concierto en espectáculo.

Pero quizá lo más bonito de la noche estaba en las gradas. Ver a los adultos que crecieron con Michael compartir el concierto con sus hijos, y a esos niños que llegaron vestidos como él tratando de hacer sus mejores pasos, fue comprobar que la música de Jackson sigue pasando de una generación a otra.

This Is Michael terminó, pero por un buen rato el Rey del Pop siguió bailando en las calles de Monterrey.

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