Redacción: Mariana Hernández
El gran festejo de baile y sazón por los 40 años de Maldita Vecindad tuvo lugar en la Arena CDMX, donde la vibra pachuca recorría cada rincón del recinto.
Desde la primera nota, los pies de los asistentes comenzaron a moverse al son de los pachucos. La atmósfera que se vivía en la Arena era de celebración y unidad. La noche comenzó con Rocko dedicando el concierto a todos nuestros ancestros. Sobre el escenario, entre humo y con una catrina liderando la noche, comenzó a sonar Lo pasado, pasado y la gente no tardó en cantar a todo pulmón. La emoción se sentía en cada rincón mientras retumbaba el sazón de Maldita Vecindad. Los primeros círculos de slam comenzaron a formarse entre los fanáticos, que vivían cada nota a flor de piel. La energía del Día de Muertos nos acompañó durante toda la noche.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Rocko nos presentó por primera vez en vivo Perfume de Gardenias, dedicándola a nuestros abuelos y a todas esas personas que estamos seguros nos acompañaron desde otro plano. El ambiente de Día de Muertos inundó el escenario, esta vez con catrines y catrinas bailando al ritmo de la música.
El concierto continuó con un setlist que no permitía que nadie se quedara quieto. Los pies parecían tener vida propia y los outfits de los asistentes aportaban todavía más al ambiente: plumas adornando los sombreros, trajes sastre y pachucos de gala listos para echar el bailongo. Entre tanta celebración, también tuvimos la oportunidad de escuchar una canción a petición especial: Rafael.
La siguiente sorpresa fue recibir desde Colombia a Piel de Obsidiana, quien junto a Rocko nos deleitó con el ritmo de La cumbia del Xoloscuincle.
Pero las sorpresas no terminaban ahí. También hubo un reconocimiento especial para los pachucos: tres discos de platino por el aniversario 35 de «El Circo». Sony, la disquera que ha acompañado a Maldita Vecindad durante tantos años, nos hizo partícipes de este reconocimiento a una trayectoria que ha tocado la vida de tantas personas a través de su música. Maldita Vecindad se ha convertido en un símbolo de resistencia dentro de la música de nuestro país.
Llegó entonces un cambio de ambiente. Los integrantes aparecieron vestidos de blanco y, a mitad del concierto, Rocko nos recordó la importancia de honrar a nuestros muertos: no llorarlos, sino cantarles y disfrutar la vida, recordándolos. También dedicó esta presentación a Sax, quien estaría celebrando su cumpleaños, y nos compartió que, en su honor, toca seguir disfrutando de la vida mientras estemos en este plano.
Comenzó a sonar Tatuaje, una canción que anteriormente nos habían comentado que define mejor la esencia de Maldita Vecindad.
Rocko describió este concierto como un espacio de slams de paz y baile. Para este momento seguíamos inmersos en un ambiente de tranquilidad, de sentir y honrar a nuestros ancestros y a todas esas personas queridas que tuvieron que partir antes que nosotros.
Después comenzó a sonar Vuelta tras vuelta, en honor a todas esas personas que construyen la ciudad y forman parte de nuestra vida cotidiana. La mexicanidad de la canción nos transportó a nuestras raíces y al orgullo que implica ser mexicano, formar parte de una cultura tan grande y de una memoria colectiva que guarda historias y sigue nutriendo la magia de México. La canción con la que cerramos este círculo de agradecimiento fue nada menos que Solo tocarte.
Continuamos con la última parte de esta celebración y el bailongo volvió a tomar protagonismo. Mojado fue la primera canción que elevó el ritmo a otro nivel y, nuevamente, los pies de todos los asistentes comenzaron a zapatear sobre los pisos de la Arena CDMX.
La fiesta continuó con una petición: un mundo sin sangre y con más baile. La protesta de Maldita Vecindad se hizo presente una vez más, recordándonos que a través de su música también podemos expresarnos y pedir más amor y paz en este mundo tan loco.
Para seguir con el bailongo comenzó a sonar Toño, y Sax no podía dejar de estar presente. El público enloqueció y comenzó a bailar al ritmo de ¡Ahí viene Toño, ahí viene Toño!. La fiesta no paraba en esta gran celebración.
Los últimos momentos de esta noche estaban cerca, pero el público no mostraba cansancio; al contrario, con cada canción el éxtasis seguía creciendo y los pies continuaban moviéndose sin parar. Cuando parecía que ya no podíamos emocionarnos más, llegaron los primeros acordes de Pachuco y la Arena CDMX sintió todo el poder de Maldita Vecindad.
Las paredes retumbaban, la gente bailaba, gritaba y sentía la música. Nos sentíamos vivos y creo que, al final, de eso se trata la música de Maldita Vecindad: de hacernos sentir vivos y presentes en el momento.
La velada llegó a su fin con una de las canciones más esperadas de la noche: Kumbala, que nos hizo recordar y añorar la vida bohemia, la nostalgia y ese México antiguo lleno de sabor, música y fiesta.
Maldita Vecindad nos regaló una noche llena de sorpresas, gozadera y un pedacito de esa vida bohemia que tanto nos gusta. Un setlist que nos dejó los pies adoloridos, pero el alma llena de energía.
México tiene mucho que dar y Maldita Vecindad vino a recordarnos la riqueza cultural en la que vivimos. Gracias por ser parte de la historia musical de nuestro país, por seguir siendo resistencia y por permitirnos sentir tanto a través de su música.






