Redacción: Ulises Garcia

 La Arena CDMX se transformó en un templo del heavy metal con la imponente presencia de Judas Priest, quienes regresaron a la capital como parte de su gira Invincible Shield / Monsters of Rock. Acompañados por la agrupación sueca Opeth, la velada fue una poderosa descarga de riffs, luces cegadoras y una entrega absoluta al espíritu del metal.

Desde el primer acorde de “Panic Attack”, tema de su más reciente álbum Invincible Shield, los británicos demostraron que, tras más de cinco décadas de carrera, siguen dominando los escenarios con la misma fuerza que en sus años de gloria. Rob Halford, enfundado en cuero y cadenas, emergió entre columnas de fuego, dejando claro que su voz sigue siendo una de las más poderosas del género.

El repertorio fue un viaje por distintas épocas del grupo, con clásicos que encendieron al público como “You’ve Got Another Thing Coming”, “Electric Eye” y el coreadísimo “Breaking the Law”. La intensidad aumentó con “Painkiller”, donde Scott Travis desató una tormenta en la batería, y Richie Faulkner y Glenn Tipton ofrecieron un duelo de guitarras tan feroz como impecable.

En un emotivo momento, Halford se dirigió a los asistentes: “¡Ciudad de México, son el corazón del metal! ¡Nunca dejaremos de venir aquí!”. La ovación fue inmediata.

Opeth, encargados de abrir la noche, no se quedaron atrás. Su set incluyó piezas complejas y atmosféricas como “Ghost of Perdition” y “Windowpane”, demostrando por qué son referentes del metal progresivo moderno. Mikael Åkerfeldt alternó entre guturales profundos y melodías limpias con maestría, recibiendo una cálida recepción de los fans.

La producción visual estuvo a la altura del espectáculo: pantallas gigantes, juegos pirotécnicos y una iluminación sincronizada con cada riff hicieron del concierto una experiencia sensorial completa. El público —una mezcla de generaciones unidas por el metal— coreó cada palabra, alzó los puños y ondeó banderas mientras la banda cerraba con “Hell Bent for Leather” y “Living After Midnight”.

Con más de dos horas de pura adrenalina sonora, Judas Priest no solo ofreció un show inolvidable, sino que reafirmó su estatus como leyenda viva del heavy metal.

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