Redacción: Elena Aranda

MONTERREY, N.L.— Hay conciertos en los que uno va a escuchar canciones y hay otros en los que termina llevándose algo más. La noche en que Nach tomó el escenario del Escenario GNP Seguros ocurrió lo segundo: el rapero español convirtió sus rimas en una conversación directa con el público regio, entre clásicos, poesía, historias de vida y mensajes que hicieron pensar.

Desde los primeros minutos, la vieja escuela del rap se hizo presente. “Orgullo”, “Pájaro sin cielo” y “Desafío” fueron parte del arranque de una noche en la que las palabras tuvieron tanto peso como los beats.

Después de los primeros temas, Nach tomó el micrófono para saludar a Monterrey y dejar claro que había llegado dispuesto a entregarlo todo.

“Muy buenas noches, Monterrey. Muy buenas noches, México”, expresó ante los gritos y aplausos del público.

El rapero agradeció volver a tierras mexicanas y aseguró que estaba dispuesto a “sudar la camiseta” junto a sus seguidores.

Y vaya que lo hizo.

Nach, el orgulloso “mama’s boy”

Uno de los momentos más personales de la noche llegó cuando Nach habló de su madre y, con una sonrisa, reconoció lo orgulloso que está de ser un “mama’s boy”.

Recordó cómo su mamá lo acompañaba a sus conciertos y hacía fila sin importar si llovía o hacía calor. Una historia sencilla, pero que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más emotivos de la noche.

También habló de la generación de su madre y de cómo ha sido testigo de una transformación tecnológica y social impresionante: desde una infancia en la que se viajaba a caballo y se escuchaba la radio, pasando por la televisión en blanco y negro y después a color, hasta llegar al internet y las conversaciones actuales por WhatsApp.

Una historia familiar que terminó conectando con algo mucho más grande: el paso del tiempo y todo lo que la música ha acompañado en nuestras vidas.

De la soledad al salto colectivo

Uno de los momentos más especiales ocurrió después de “El amor por encima del oro”.

El público cantó a todo pulmón y respondió con una fuerte ovación, provocando que Nach se detuviera para reflexionar sobre lo que acababa de ocurrir.

Recordó que apenas unos minutos antes el ambiente había sido mucho más introspectivo con “Nada ni Nadie”, y de pronto todos estaban brincando.

Para él, eso representa precisamente la magia de la música: la capacidad de transformar un estado de ánimo, llenar de color los días grises y abrir puertas internas que muchas veces no son fáciles de cruzar.

Nach habló de cómo la música le permitió meditar, conocer lugares, aprender sobre sí mismo e investigar, hasta descubrir nuevas formas de entender lo que llevaba dentro.

Y entonces dejó una de esas frases que resumen perfectamente su relación con el rap: sentirse agradecido por haber aprendido a hablar “el idioma de los dioses”.

Rap para cuestionar, no para dividir

Pero la noche también tuvo espacio para la reflexión social.

Después de interpretar “Éxodo”, Nach cuestionó por qué tantas veces se ataca a quien piensa diferente y por qué resulta tan fácil juzgar a las personas por su clase social, el color de piel o la manera en que sienten.

En lugar de preguntar únicamente de dónde viene alguien, planteó la importancia de preguntar a dónde quiere ir, cuáles son sus sueños y qué quiere hacer con su vida.

Su mensaje fue claro: seguir creyendo en la empatía, intentar ponerse en el lugar del otro y no perder la capacidad de abrazarnos.

Y entonces llegó “Corazón”, cerrando ese momento con una canción que terminó de darle forma al mensaje.

Una noche donde las rimas también abrazaron

Nach demostró en Monterrey que el rap puede ser mucho más que beats, barras y actitud.

Puede hablar de la familia, de la soledad, de la salud mental, del amor, de las diferencias, de la sociedad y de esas batallas internas que muchas veces nadie ve.

Y quizá por eso sus canciones siguen conectando con quienes crecieron con el rap de la vieja escuela, pero también con nuevas generaciones que encuentran en sus letras algo más que música.

La noche avanzó entre rimas, saltos, coros y mensajes que hicieron del Escenario GNP Seguros una enorme comunidad.

Porque cuando un artista consigue que miles de personas canten las mismas palabras, pero además logra que cada una las sienta desde su propia historia, ocurre algo especial.

Nach no solamente vino a rapear a Monterrey. Vino a recordarnos que las palabras también pueden sanar.

Y esa noche, entre beats y poesía, el público regio respondió cantando, brincando y, sobre todo, escuchando.

Porque el rap real no siempre necesita gritar. A veces solo necesita decir exactamente lo que alguien necesitaba escuchar

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