Redacción: Gabriela Alvarado
El Auditorio Banamex se llenó de emociones la noche del 25 de abril, cuando Matisse regresó a Monterrey con su gira “El Ayer Tour”, ofreciendo un espectáculo que fue mucho más que música: un viaje directo al corazón.
Desde el primer instante, el escenario brilló con una estética elegante y glamorosa que acompañó perfectamente la esencia del show. Cada integrante aportó su sello único: Pablo Preciado con su porte sobrio, Román Torres arrancando carcajadas con su humor ácido, y Melissa Robles desbordando intensidad y cercanía en cada interpretación.
Un concierto que se sintió
La conexión con el público fue inmediata. Entre aplausos y gritos, el trío expresó su emoción por volver a la “ciudad de las montañas”, creando una atmósfera íntima desde los primeros acordes.
“Es muy lindo que las canciones nos pueden llevar a lugares seguros… nos gustaría sentir que la música de Matisse puede ser un lugar seguro para ti”, compartió Melissa, dejando claro que la noche sería tan emocional como memorable.
El repertorio fue una montaña rusa de sentimientos: desde la nostalgia que duele bonito hasta esos momentos donde más de uno pensó en ese mensaje que no debía enviar. Temas como “Por tu bien”, “Si fuera fácil” y “La misma luna” fueron coreados con el alma, convirtiendo el recinto en un eco colectivo de historias personales.
Momentos que marcaron la noche
Las sorpresas no faltaron. En “Por última vez”, el escenario recibió a Carlos Zaur, sumando una carga emocional aún más profunda. Más adelante, Víctor García encendió la energía con “Invisible”, “Desvelado” y “Otra vez”, provocando uno de los puntos más altos del concierto.
La versatilidad del grupo también se hizo presente con giros inesperados: desde tintes de regional mexicano en “Cómo lo hice yo”, hasta una versión con matices urbanos de “Mis ojos lloran por ti”, demostrando que reinventarse también puede sentirse auténtico.
Un final para quedarse
Antes de interpretar “Acuérdate de mí”, Melissa no ocultó su emoción: “Estoy orgullosa de ustedes… Monterrey siempre son de mis conciertos favoritos, no me quiero ir”. Y el sentimiento fue mutuo.
El cierre con “Más que amigos” transformó el recinto en un coro gigante, sellando una noche donde cada voz, cada recuerdo y cada emoción encontraron su lugar.
Matisse no solo dio un concierto: creó un espacio seguro donde la música abrazó a todos por igual.






