Redacción: Elena Aranda
Monterrey vivió una de esas noches que quedan grabadas en la memoria de los fans. MONSTA X regresó a tierras regias para reencontrarse con Monbebe en un concierto donde hubo potencia, nostalgia, emociones a flor de piel y una conexión que fue mucho más allá de la música.
La experiencia comenzó desde horas antes del show gracias a la organización de Ninshi Entertainment, que permitió que el acceso, las dinámicas especiales y la entrega de pósters y fotografías autografiadas se desarrollaran de manera ordenada para quienes participaron en las actividades previas al concierto.
Pero si algo llamó la atención fue el ambiente de compañerismo entre los propios seguidores. Durante la espera, cientos de fans intercambiaban postales de sus integrantes favoritos mientras celebraban cada intercambio exitoso con aplausos y gritos de “¡Sí se pudo!”, creando una atmósfera de comunidad pocas veces vista en un evento de esta magnitud.
Cuando finalmente se apagaron las luces, el recinto se transformó por completo. Un impresionante despliegue de luces, pantallas y efectos láser envolvió cada interpretación, convirtiendo el escenario en una experiencia visual impactante que acompañó a la perfección la energía característica del grupo.
Uno de los momentos más celebrados llegó con las presentaciones individuales de cada integrante. Cada uno tuvo la oportunidad de demostrar su talento sobre el escenario con actuaciones que combinaron vocales impecables, presencia escénica y coreografías ejecutadas con precisión absoluta.
La euforia alcanzó niveles máximos con canciones como “Beautiful Liar”, “Love Killa”, “Jealousy” y “Shine Forever”, temas que fueron coreados de principio a fin por un público que no dejó de cantar, brincar y acompañar cada movimiento del grupo.
Sin embargo, más allá del espectáculo musical, fue la cercanía con sus seguidores lo que terminó de conquistar los corazones presentes. Los integrantes rompieron cualquier barrera al convivir directamente con las primeras filas, tomando celulares para grabar videos, aceptando regalos y utilizando con orgullo los tradicionales sombreros norteños que volaron hacia el escenario.
La ovación más grande de la noche llegó cuando Kihyun apareció portando la bandera de México sobre sus hombros. El gesto provocó una reacción inmediata del público, que respondió con una ensordecedora muestra de cariño.
Uno de los instantes más emotivos ocurrió cuando los integrantes recordaron a sus compañero I. M. ausente debido al servicio militar obligatorio. Con profundo respeto y evidente compañerismo, interpretaron las líneas que normalmente correspondería a el, demostrando la unión que existe dentro de MONSTA X y provocando lágrimas entre muchos asistentes que comprendieron la importancia de ese momento.
Durante las pausas para conversar con el público, los artistas preguntaron de qué ciudades provenían sus seguidores y compartieron palabras de agradecimiento para México. Incluso confesaron que la energía de los fans mexicanos transforma por completo cada presentación, haciendo que incluso sus canciones más tranquilas se conviertan en momentos explosivos de emoción.
Cada comentario, cada sonrisa y cada interacción provocaban una nueva ola de gritos. Esa conexión genuina entre artista y público fue precisamente lo que convirtió el concierto en una experiencia especial.
Antes de despedirse, MONSTA X agradeció el cariño recibido y prometió regresar pronto a México, una promesa que fue recibida con una ovación monumental.
Y como ya es tradición en sus conciertos, la noche concluyó con la selfie del recuerdo, una imagen que inmortalizó el encuentro entre el grupo y miles de Monbebes que, una vez más, demostraron por qué forman una de las comunidades de fans más apasionadas y fieles del mundo.






