Redacción: Elena Aranda
Si alguien todavía tenía dudas de por qué Monterrey es considerada una de las grandes capitales del vallenato en México, “Los Tres Amigos” llegó para despejarlas a punta de acordeón, nostalgia y canciones cantadas a todo pulmón.
La noche del sábado 29 de agosto, la Arena Monterrey lució completamente entregada a una fiesta que comenzó alrededor de las 9:25 de la noche y se extendió hasta aproximadamente las 2:30 de la madrugada.
Más de cinco horas de música, tres grandes exponentes del vallenato y un público que, lejos de rendirse por el cansancio, parecía encontrar más energía con cada canción.
Porque aquí nadie fue solamente a escuchar.
Aquí se vino a cantar, a bailar, a recordar y, por supuesto, a sacar uno que otro sentimiento que estaba bien guardado.
Alex Manga abrió la fiesta con el corazón puesto en México
El encargado de comenzar esta larga noche vallenata fue Alex Manga, quien desde los primeros minutos se encargó de despertar la nostalgia entre los asistentes.
Antes de su presentación, uno de los momentos que llamó especialmente la atención fue la presencia de una bandera de México en el escenario.
Manga la tomó con orgullo, recorrió la tarima con ella y dejó claro el agradecimiento hacia el país que durante tantos años ha recibido con los brazos abiertos la música vallenata.
Y entonces sí… comenzó la fiesta.
Temas como “Si no me falla el corazón”, “Los caminos de la vida” y “Recuerdos de un amor” provocaron que las voces de miles de personas se unieran a la del colombiano.
La Arena ya estaba lista.
Pero apenas era el comienzo.
Jean Carlos Centeno puso a Monterrey a cantar… y hasta bajó del escenario
Después llegó el turno de Jean Carlos Centeno, y si algo quedó claro desde los primeros acordes es que el público regio conocía perfectamente cada una de sus canciones.
“Volvió el dolor”, “Manantial de amor” y “Olvídala” fueron algunas de las piezas que hicieron que la Arena Monterrey se convirtiera en un gigantesco coro.
Pero Centeno quiso acercarse todavía más a sus seguidores.
El cantante bajó las escaleras del escenario para interpretar “Dime cómo te olvido” prácticamente a unos pasos del público, dejándose abrazar por la energía de los asistentes.
Y entonces llegó uno de esos momentos que simplemente no se pueden explicar: “Osito dormilón”.
La Arena explotó.
Entre gritos, celulares encendidos y miles de voces cantando, Centeno demostró que algunas canciones tienen el extraño poder de hacer que nadie quiera quedarse sentado.
También hubo espacio para México
El repertorio continuó con “Ayúdame a olvidarte”, pero el cantante tenía preparada otra sorpresa.
“Una canción de México para México”, anunció antes de interpretar “Lo busqué”, de Ana Bárbara.
El público respondió inmediatamente y la canción dio paso a un momento instrumental que permitió lucirse a los músicos sobre el escenario.
La emoción creció todavía más hacia el cierre de su participación.
Centeno agradeció el cariño de Monterrey y, con la Arena iluminada por miles de teléfonos celulares, se despidió con un contundente:
“¡Gracias Monterrey, gracias!”
La noche, sin embargo, todavía tenía mucho por delante.
Nelson Velásquez llegó con el sentimiento a flor de piel
Y cuando parecía que después de tantas horas el público podía necesitar un descanso…
¡Llegó Nelson Velásquez!
El intérprete tomó el escenario y comenzó su participación individual con “Nunca niegues que te amo” y “Suave brisa”, dos temas que rápidamente volvieron a encender la memoria sentimental de los asistentes.
Porque esa es la magia del vallenato: puedes llevar cinco horas de concierto encima, pero basta que aparezcan los primeros acordes de una canción conocida para que la garganta vuelva a encontrar fuerzas.
Y Monterrey todavía tenía mucho que cantar.
El encuentro de los tres amigos
Pero la verdadera sorpresa estaba reservada para el final.
Después de sus respectivas presentaciones, Alex Manga, Jean Carlos Centeno y Nelson Velásquez se reunieron sobre el escenario para compartir sus voces y cerrar una noche que ya había sido monumental.
Los tres artistas juntos representaron el espíritu de una velada que no necesitó demasiadas explicaciones: tres voces, tres historias y un mismo público completamente entregado.
La Arena Monterrey terminó convertida en una enorme celebración del vallenato.
Más de cinco horas… y nadie quería irse
La jornada terminó cerca de las 2:30 de la madrugada, pero para entonces quedaba claro que el cansancio había perdido la batalla.
Porque cuando una noche tiene música, recuerdos, desamor, alegría, acordeones y miles de personas cantando juntas, cinco horas parecen apenas suficientes.
“Los Tres Amigos” no solamente ofrecieron un concierto.
Entregaron una noche de esas que se quedan en la memoria, demostrando una vez más la conexión que existe entre el público regiomontano y la música colombiana.
Y para cerrar una noche así, solamente podía quedar un agradecimiento a la tierra que los recibió.
¡Viva México!
¡Viva Monterrey!
¡Viva Nuevo León!
Y, por supuesto…
¡Que viva el vallenato!






