Redacción: Elena Aranda

El pasado 2 de mayo de 2026, el Showcenter Complex fue escenario de una noche que quedará grabada en la memoria de Monterrey. Desde el primer segundo, Kenny G rompió cualquier expectativa con una entrada tan inesperada como mágica: apareció entre las butacas, sin previo aviso, borrando la distancia entre artista y público.

Con una cercanía poco común, el músico caminó entre los asistentes mientras interpretaba sus primeras notas, girando sobre su propio eje para regalarle a cada persona un momento único. No fue solo un inicio… fue una declaración de lo que sería la noche: íntima, elegante y profundamente emocional.

Acompañado por una banda impecable —piano, guitarra, bajo y batería—, Kenny G construyó un viaje sonoro que transitó con naturalidad entre el jazz tradicional, el smooth jazz, la bossa nova, la balada y el bolero. Cada arreglo fue una caricia al oído, cada transición, una invitación a dejarse llevar.

Uno de los momentos más especiales llegó cuando interpretó “Sabor a mí” y “Bésame Mucho”. Las notas de su saxofón no solo resonaron en el recinto… tocaron fibras profundas. Fue ahí donde el bolero mexicano encontró una nueva voz, demostrando que la música, cuando es genuina, no necesita palabras para decirlo todo.

La noche también fue una muestra de su dominio técnico. Alternando entre su icónico saxofón soprano recto y el saxofón curvo, dejó ver una versatilidad que solo los grandes poseen. Pero más allá de su virtuosismo, destacó la generosidad sobre el escenario: cada músico tuvo su momento para brillar, confirmando la química y complicidad que han construido a lo largo de los años.

Un detalle que encendió el orgullo del público fue la presencia de un baterista mexicano dentro de la banda, recordándonos que el talento no conoce fronteras cuando se combina con disciplina y pasión.

El repertorio fue una montaña rusa de emociones: desde la nostalgia cinematográfica de Titanic, hasta la cadencia de Havana, pasando por temas icónicos como “Moment” y “Forever in Love”, que terminaron de conquistar a una audiencia completamente entregada.

Lo vivido en Showcenter Complex fue más que un concierto. Fue una experiencia sensorial donde cada nota parecía recorrer el cuerpo hasta instalarse en el corazón. Monterrey respondió como solo sabe hacerlo: con ovaciones de pie y una conexión total con un artista que convirtió la música en un lenguaje universal.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here